sábado, 7 de diciembre de 2013

Mujer fronteriza


No se me ocurre mejor destino para estos días que debajo de una manta de lana. 
Diciembre me enternece y también saca a pasear a la punki que llevo dentro, que se pone a patear el calendario y vomita sobre las fiestas de guardar. Diciembre es un mes fronterizo que cabalga entre lo viejo y lo que será, el recuento y los deseos, el asco y la ilusión, el despiporre y la amargura. 

Estuve este año 13 (me gusta!) algo alejada del blog (eso no me gusta...), pero también es causa de esta ausencia mía el andar escribiendo en otros formatos, el andar metida en otros líos. No manejo bien mis tiempos, nunca he sabido hacerlo, y así la vida no me da para todo lo que yo querría. Si hubiera sido capaz de organizarme mejor en esa dimensión temporal, probablemente tendría una biografía distinta, más ordenadita, de letra más clara. Más fácil, quizás. O aburrida. Nunca se sabe lo que podría haber sido, si todo hubiera sido distinto. Material para poetas.

Ni siquiera tenía pensado contar nada hoy aquí, pero ya que estoy mostraré mi pancarta, dejaré escrita mi reivindicación para los días más cortos del año: no nos olvidemos del amor. Que el frío no te anestesie, que el telediario no te adormezca, que los cumpleaños no te paralicen. Que las prioridades de los demás no te frenen, que lo imprescindible está en lo sencillo. Que da igual que sea otoño, o que llegue el invierno: son días propicios para abrazar a quien quieres y hacerte un ovillo. Amar es el mejor remedio, la fórmula de rescate mejor prescrita (incluso para la punki que llevo dentro).




sábado, 16 de noviembre de 2013

Ahora

Los días traen y quitan vida.
El tiempo caprichoso nos aleja y acerca del pasado que añoramos, al futuro que anhelamos, a otras personas y a nosotras mismas.

Recuerdos y deseos. 
Y en medio yo,  polvo de estrellas que revolotea esparcida en el momento que me toca vivir. Aprendiendo a volar. Agradecida. Razonablemente feliz.

martes, 22 de octubre de 2013

Vértigo


Tengo un sueño recurrente que me hace despertarme en el medio de la noche: sueño que tengo un sueño recurrente que me hace despertarme en el medio de la noche.
En el sueño, ya es otoño y todo sigue igual.


martes, 24 de septiembre de 2013

Fe

Es necesario tener mucha fe para poder rezar de modo que no parezca que lees la lista de la compra.

Por eso, he rebuscado entre mis despojos para encontrar la fe que he ido perdiendo por el camino. Me ha costado encontrarla, pero ahora que por fin la tengo aquí conmigo, rezo para perder la poca memoria que me queda. No quiero recordar. No quiero acordarme. No quiero que vuelvas una y otra vez, sin volver nunca. No quiero más momentos, canciones, lugares, risas ni llantos. Me hace daño pensar en lo que fue y no es, lo que pudo haber sido pero no será. Que no quiero tus palabras. Ni siquiera los abrazos. O los besos. Que se queden donde están. Me pesas como si fueras un siglo. Condenada memoria.

Rezo para que no me sigas, para que te quedes atrás. Para que la idea que tengo sobre ti se pare un rato largo a descansar. Para despertar un día y darme cuenta de que lo que me gusta de ti es puro sueño. Para que me dejes en paz.
Oraciones como bombas. 
Gozosa desmemoria.


lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Por qué?


A menudo me pregunto por qué me gusta escribir.

Salvando las distancias, me identifico bastante con Rosa Montero y sus palabras aquí. 




Claro que creo que soy una niña que no he terminado de madurar... Una niña a la que escribir ordena, de alguna manera, el mundo. Principalmente el mundo de las emociones.

Pero además, he descubierto algo que me encanta del hecho de escribir: la mentira. Lo llevo pensando unos días y sí, a mí me sirve ese mentir, digamos, literario. 

En mi vida cotidiana tengo graves problemas con la mentira. No me gusta mentir y no suelo hacerlo. Es más, a veces creo que me paso. Vamos, que a casi nadie le importa demasiado la verdad. Y mentir me parece un recurso válido, si se utiliza bien. Supongo que me crié con mucha culpa heredada de la religión. Milongas que asfixian.  Ir a pecho descubierto te convierte en vulnerable y no mentir es un boomerang que a veces vuelve y vuelve cruzado. Pero si eres así, eres así. Un rollo.

Entonces, cuando escribes, la mentira no es falsedad, engaño, traición ni embuste. La mentira es ficción, cuento, trama, ensoñación. Me siento cómoda en ese terreno. Mientes como una bellaca mientras ves como esa gran mentira va creciendo entre tus dedos. Puede llegar a hacerse hermosa.  Yo no sé escribir largo, pero tener la capacidad de escribir un buen libro siempre me ha generado una gran admiración. 

Escribir es tejer la gran mentira de tu vida.
Me resulta curioso mirarlo así, pero no tengo duda: mentir sin remordimientos es uno de los regalos que más me interesan del acto de escribir.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Museoterapia


Hace unos días visité el Museo de las Relaciones Rotas. Un lugar donde exorcizar la pena de los amores no correspondidos, de los abandonos, de las rupturas. Un lugar para dejar ese objeto, esa foto, esa carta y esa historia que se quebró. Un lugar donde despedir simbólicamente a esa persona con la que ya no más o aquella que te rompió el corazón. Desencanto, miedo, traición, aburrimiento, abulia, desencuentro, falta de respeto, desamor. Todos los motivos del mundo. A veces el motivo puede ser la falta de motivo para continuar.

Encontré el museo de casualidad, si es que la casualidad existe y me pareció un rincón imaginativo, terapéutico (para quien envia allí sus miserias) y divertido. Las personas, sus relaciones y más aún sus relaciones rotas, son universos complejos. Y leer las rupturas ajenas -algunas francamente graciosas, otras puro drama- reconcilia con las catástrofes relacionales propias. Había piezas llenas de rabia (un hacha con la que un tipo había destrozado todos los muebles de la casa que fue común) e incluso alguna pequeña venganza con nombre y apellidos. Un traje de novia, llaves que un día abrieron puertas, ungüentos afrodisíacos que no funcionaron, condones comprados con una intención que nunca llegó a acción. Cartas de despedida, cartas de amor. Palabras, palabras, palabras... que no consiguieron que dos personas pudieran entenderse, o quererse, o ambas cosas a la vez.  

Yo también tengo alguna ruptura digna de museo. Cómo no.




Museun of Broken Relationships (aquí lo tienes)

domingo, 8 de septiembre de 2013

El tren


Hace años me enamoré perdidamente en un tren de Barcelona a Monzón. Nunca he pasado más calor que en aquel vagón. Yo volvía de un campo de trabajo con chavales discapacitados en Manchester; recuerdo que allí cumplí veinte años. Era la primera vez que había cogido un avión, también mi primera historia de amor en un tren. Llegué con mejor inglés del que me había llevado y por eso pude entablar conversación fluida con el objeto del deseo. Estábamos solos en un compartimento para ocho personas. Era un tipo atractivo, desaliñado, pelo largo, castaño, moreno de piel. Venía de su país, Hungría, y viajaba a Portugal. Todo lo que contaba era raro, pero siempre me han gustado los marcianos. Es una regla casi matemática: cuanto más, mejor. Al final, no tenía muy claro si el tipo andaba en líos ilegales o si mi inglés no era suficiente. Daba igual. Me enamoré hasta las trancas de aquel húngaro misterioso. Lloramos al despedirnos e intercambiamos las direcciones. Andreas, se llamaba. Nunca más lo vi. Ninguno de los dos hicimos por saber.

Desde entonces sólo viajo en tren, en trenes de los lentos, de los que dan tiempo a enamorarse. Nunca he vuelto a probar otro medio de transporte. No puedo ir a un montón de lugares y por eso estoy pensando en mudarme a otro país, a uno con más posibilidades ferroviarias. Desde entonces, cuando viajo, llevo conmigo una libreta por si tengo que intercambiar la dirección con alguien y también un pequeño kit de supervivencia (braga y cepillo de dientes) por si siguiendo el destino no vuelvo a casa nunca más. Me conocen en todas las estaciones y me divierto a veces pensando en lo que deben pensar de mí: estoy segura que nadie sabe mis razones para tanto viajar. He tenido algún romance memorable que me ha quedado tatuado en la piel. También recuerdo un par de donjuanes patéticos que se hicieron ilusiones. Y es que con el tiempo me he convertido en una profesional de los idilios exprés. Ahora estoy algo mosqueada con la alta velocidad: así no hay manera. No concibo la vida sin mis amantes fugaces, sin la adrenalina del tren, sin la clandestinidad de los vagones vacíos, sin las ventanillas cubiertas de vaho.

Cuántas veces me he acordado de Andreas y de nuestro breve y tórrido amor. Con él descubrí que hay trenes que no tienen billete de vuelta.


 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Mostar


¿Podría yo sobrevivir a una guerra?

Me he hecho esta pregunta en muchas ocasiones. Mi respuesta sería que no, pero sé que la vida tiene tanta fuerza que incluso puede que lo consiguiese. No sé con qué cicatrices y ni siquiera sé si sobrevivir a una guerra es un buen horizonte. Sólo sé que todavía retumban las bombas dentro de mi cabeza y nunca, en realidad, las he oído. Nausea. Balas que atraviesan también lo que no se ve. Impacto. Fotogramas que se agolpan detrás de mis ojos y no me dejan dormir.






jueves, 15 de agosto de 2013

Silente


Me meto en lo más profundo de la cueva . Sigilosa.
Sin palabras. Silenciosa.

No diré nada y el verano casi habrá pasado.
ssshhhhhhhh

martes, 30 de julio de 2013

Viajera sideral


Igual que a veces estamos sentados al lado de una persona y ni siquiera notamos su presencia, también ocurre que podemos viajar a miles de kilómetros de distancia y llevarnos a alguien dentro, como una foto que se instala en algún escondite del cerebro, en el rincón de las imágenes mentales, ocupándolo todo.

Tomando distancia he quemado los caminos, atravesado desiertos, he dado saltos, contenta, por algunos parajes espectaculares y he arrastrado mis pies por escenarios de desolación. Por alejarme, con la idea de tomar perspectiva, me he alejado en ocasiones hasta de  mí misma.

La distancia está en la mente y en la piel. Da igual lo rápido que corras, lo lejos que te vayas, el paréntesis que te tomes. La distancia se lucha, como todo -me da por pensar últimamente- en el terreno del pensamiento, se combate en el mundo de las ideas. Cuando las ideas se han revolucionado, han librado su batalla y, por fin, han firmado el armisticio, en ese momento, en ese preciso momento, se puede empezar a poner distancia; pero si lo que gobierna tu nave son las emociones... no hay lejanía física que valga. Puedes coger el primer avión a Papúa Nueva Guinea y convencerte de que sí, que esta vez lo vas a conseguir. Ese poner tierra de por medio, esa ilusión de olvido es un chiste. Como mucho darás una tregua a tu guerra, un pacto de no agresión temporal, una semi bandera blanca a esa presencia invasiva. Pero es muy probable que la sombra de esa persona se empeñe en seguir pegada a la tuya en más momentos de los que te gustaría, incluso si alcanzas una ignota esquina del otro lado del mundo. Allá, tan lejos y su sombra haciéndole cosquillas a la tuya. Qué risa.

Incapaz de decir adiós, pero viajera. Tampoco es mal plan.


viernes, 12 de julio de 2013

Alambre de espino


Él era un sí pero no
ella, una no pero sí
aprendieron a quererse contradictoriamente
hicieron de la paradoja su cama
se amaron, salvajes, en la incertidumbre
obviando las palabras
que a veces separan.

Quizás no fue un amor perfecto
pero era suyo.

Sereno y puro
a pesar de los pesares, los contrasentidos, los vaivenes.

Hermoso y duro
tanto
que todavía andan buscando
ella y él
un pedazo de alma que quedó prendido
en el alambre de espino de su frontera.




miércoles, 10 de julio de 2013

Hierbabuena en tu corazón


Milagros en el descreimiento.
Sueños en la estepa.
Vida más allá de la muerte.
Amor en los confines.
Color en el blanco y negro.
Palabras más grandes que el silencio.
Deseo en la anestesia.
Sí en el no.

Olor a tierra mojada que escapa por las rendijas del asfalto. 
Que llueva, que llueva.


miércoles, 3 de julio de 2013

Negrura


Dame un motivo, sólo uno y te escupiré en la cara.
A veces me inundo de odio, de rabia, de frustración. A veces estás en el centro de mi diana y te lanzo dardos envenenados, deseando atravesarte la frente. A veces la dulzura sucumbe ante la suciedad que se planta ante mis ojos y la  ternura deja de ser, cuando el desarraigo todo lo quema. Hay momentos en que no creo en nada, ni en nadie, ni en mí misma. Queman. Si entonces te cruzas en mi camino, no te atrevas a mirarme a los ojos: puedes caer en el pozo más hondo, en el tunel del horror.
Da igual el motivo. Quizás no lo hay.
Lo negro existe, aunque salga poco de paseo. 

Es curioso, pero aprender a caminar con lo negro ayuda a vivir en color.


viernes, 28 de junio de 2013

De amores y miedos (continuación)


Amores perros. Amores incrédulos. Amores-deporte de riesgo. Amor desesperado. Amor traicionado. Amor incomprendido. Amor no correspondido. Amores miedosos, celosos, tramposos. Amor desidia. Amores como tumbas. Amor idealizado. Amor egoista. Amor autoengaño. Amor ciego. Amor inconsciente. Amores que duelen. Amor desilusión. Amor que no es suficiente; nunca con el amor es suficiente. Amores aplazados. Amor de mentira. Amor-icono-como-de-película-de-amor. Amor a contratiempo. Amor salvavidas. Amor adicto al desamor. Amor sin emociones. Amor descuidado. Amor perdido en un cajón.

Amores de mierda. 
Yo, a veces, también me cago en el amor.


jueves, 27 de junio de 2013

De amores y miedos

Todos buscamos un amor en el que descansar la soledad, en el que abrazarnos tan fuerte que se deshaga el nudo.
Amores regazo.
Un amor en el que extraviar la mirada para encontrarla, chispeante, reflejada en otros ojos.
Amores revolución.

El amor sucede cuando estamos dispuestos.

Amor libre, sincero, directo y legal.  Amor de aguas claras.
Amor eterno, al menos mientras dure.

lunes, 24 de junio de 2013

Fuego


Que arda esta noche
que se quemen los cánceres y las malas babas
que hasta los infiernos se consuman
y las brasas limpien los caminos
mientras las cenizas vuelan lejos de aquí.

Que arda esta noche
y ardan todas.

Que el fuego arrase con todos mis fuegos,
los grandes, los pequeños, los que sí  pero no.

Arde la noche más corta del año.
Arde mi alma.
Ardo yo.


lunes, 17 de junio de 2013

Ceguera


Se puede estar ciega de ira, de odio, de celos, de rabia, de amor... 
Y tener el pecho lleno de afilados puñales o de un jardín estrellado.

La ceguera, ay, la ceguera: es fulminante, lacerante.
Cuando las emociones no te dejan ver, empieza a gestarse la catástrofe: puedes quedar ciega de remate. En el caso de que te toquen pero no te hundan, un consejo: ten a mano en tu mesilla de noche unas gafas de culo de  vaso. La estupidez humana no tiene vara de medir, y siempre habrá una próxima vez en la que puedan salvarte la alegría.


lunes, 3 de junio de 2013

Aguantar el tirón


Aguantar es un verbo antipático.

Mayo se ha escapado, creo que se lo ha llevado el viento huracanado que pareciera que se ha instalado definitivamente por aquí. Ese mismo viento que a veces azota los cuerpos hasta tirarlos al suelo, y también por dentro, haciéndoles enloquecer. Siempre me acuerdo de las vacas cuando hace mucho cierzo, que en días así corren y saltan enajenadas.  Somos más o menos vacas, un poco más acá o allá en la lotería genética.

Ese mismo viento hace volar el calendario, las semanas se suceden, se precipitan una detrás de otra hacia lugares insospechados: algunos momentos se alejan hacia el olvido seguro y otros a esa parcela privilegiada de la memoria de los días felices. Es raro todo, como nosotros.

A veces la vida se pone tiesa y toca aguantar. Aguantar el tipo, aguantar la respiración. Apretar los dientes y avanzar entre el caos y la confusión. A ratos la vida hace cosquillas y es liviana, pero qué dificil es acordarse de esos instantes cuando lo que toca es aguantar.


domingo, 26 de mayo de 2013

Escalera al cielo


Hay un proverbio que dice que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios.
(...)

¿Y de los deseos?
Dueña o esclava.
Escalera al cielo o al infierno.
 

jueves, 23 de mayo de 2013

Mediocridad

Desde que mi abuela, ya casi en la vejez, aprendió la palabra autoestima en algún programa televisivo, hizo de ella bandera: "hay que tener la autoestima alta, yo tengo la autoestima muy alta, etc.". Las banderas tienen algo patético, algo pretendidamente absoluto, que en el fondo no es nada. Un icono más. Y esta bandera que enarboló mi abuela es más de lo mismo. Eso le significaba que todo lo hacía bien y no sólo eso, sino que siempre lo había hecho todo del modo correcto.  Una vida en otra dimensión que yo no acierto ni a imaginar. Ahora, pasados los 90, a veces me dice en momentos de íntima confesión, que se arrepiente de algunas cosas. Desde ahí puedo yo quererla mejor; se está haciendo humana, por fin.  Nunca es tarde.

Al otro lado de esa gente que nunca jamás han hecho hacen ni harán algo -por mínimo que sea- mal (que en realidad son pocos pero muy pelmas) estamos el común de los mortales. Hoy tengo el día mediocre y por eso me da por pensar estas cosas. Puede que tenga que ver que hoy tenía clase de danza, un gusto empezar así la mañana, única alumna, todo a mi favor... pero he trastabillado lo indecible, me siento más o menos elástica como un gato de escayola y he rodado cual croqueta en más de una ocasión. Con este panorama, pues sí, he salido de allí hecha una mediocre, pensando que no soy buena en nada. Y bla bla bla.

Mediocre es la botella medio vacía. Mediocre es una mala etiqueta para colocarse en la frente. Como todas las etiquetas, que no dejan lugar a matices. Así que he tenido que ir dándole la vuelta a esta historia hasta que he visto que alguien mediocre debe ser aquel que no se para nunca a cuestionarse. Me he agarrado a esta idea (me conviene, claro) porque desde luego que es importante bailar bien, saber comunicar, ser buena en el curro, un crack del deporte o un buen amante, pero nada de esto te garantiza dejar de ser mediocre. Pensar en términos absolutos sólo puede ser erróneo. Nos equivocamos en la generalización. Es necesario cuestionar el mundo, cuestionarse. Es interesante darse cuenta de que todo a nuestro alrededor es relativo. Y esa relatividad genera dudas e incertidumbres pero, así es la vida que bulle. La vida viva. Necesitamos ordenar el  mundo y para eso usamos los conceptos, las generalizaciones y las simplificaciones, pero por encima de ese orden semántico está la singularidad. Qué singulares somos todos.
Así, hoy estoy mediocre pero sé que pasará. Otro día deslizaré con la música e incluso podré organizar mejor mis pensamientos para escribirlos aquí. Eso espero.


jueves, 16 de mayo de 2013

15 M

Despierto pensando en ti. Un día más.
Coche compartido y poca gasolina. El tiempo que nos toca vivir. Huesqueta mon amour. Mercedes y sus cosas. Reflexiones que casi duelen. De maternidades y otros tormentos. U oasis. Yo también estaré contigo cuando llores. Estupideces en el aire. Dormir y realidad. Dormir y realidad, es lo único que sirve. Vuelvo a mi casa en tu ciudad, que todavía no es mía. ¿Un lugar en el mundo? Prisas. Alejandro y las dudas contagiosas. Alegrías con fecha de caducidad. Lola, Diego, Blanca, Óscar, Laura, Pablo y Elena, que me enamoran. Concierto. El Brindador. Mola mi vecino. Arborea. Hippismo extreme. Sólo les ha faltado follar en el escenario sobre un colchón de flores. Low. El matriarcado. Cerveza. Me emocionan "Especially me" y "Just make it stop". Alfonso y Javier. Prometo estaros agradecida. La conciertera, los musiqueteros y Raquel. Recuento y me faltas tú.

Vuelvo a casa volando en la bici. Eses. Taxista cabrón. Hago eses, no porque vaya borracha, no, sino para tratar de dejarte en cada curva que hacen mis ruedas.

15 M.
 De lo que podría ser, que no es. Seguimos rulando. Especialmente yo y probablemente tú, como si vivieramos en esta canción.

miércoles, 8 de mayo de 2013

De revoluciones

Esta primavera gira furiosa colocando y descolocando acá y allá las fichas de mi tablero de juego.  Sólo puedo darle la mano a mis días y unirme a su revolución. Expectante pero activa. Con miedo a dar un nuevo salto al vacío pero consciente de que sin movimiento, no hay vida. Para no traicionarme, no puedo hacer otra cosa que ser yo.

Sé que en el fondo todo está bien. Y que el futuro, es hoy.


sábado, 4 de mayo de 2013

Edad

Debajo de una piel cuarteada por el tiempo anidan defensas contra la prisa, el desconsuelo y la falta de amor. El tiempo tiene un no sé qué que pone en su sitio incluso a quien nunca supo cual fue su lugar. Quizás el único lugar en el mundo sea una tumba. Y puede que al final sea cierto que en la búsqueda, en el camino, está la felicidad. Te mueves y te mueves y cada vez estás más lejos y te ves más pequeña. Perspectiva. Qué más da. Los caminos hacen piruetas de puro torcidos. Y no pasa nada. Has elegido una senda llena de piedras que ni sabes a dónde te lleva ni cuánto te costará llegar. En los bolsillos, un poco de tierra para no olvidar de dónde vienes. El resto está por inventar. Lee buenos libros y nunca pierdas el interés, eso te ayudará a escribir mejor tu vida. Es necesario tener brillo en los ojos. Y el corazón, como una pensión. Un corazón de puertas abiertas. Te miras al espejo y descubres otra cana. Sonrisa. Nunca te has sentido más guapa. Y al final lo único que importa es si has aprendido a convivir, no sólo contigo misma. Eres valiente. Los años pasan con precisión matemática. La edad es otra cosa. Siempre es la mejor edad. Para lo que sea. Sólo tienes que atreverte.

sábado, 27 de abril de 2013

Azares


" ¿Eres de dejar las cosas al azar o más bien de coger el caballo por las riendas?" Javier Gallego

 "No, no suelo dejar muchas cosas al azar. Lo que pasa es que aquí lo hago en forma de pregunta. Yo soy una persona que tiene más dudas que certezas y, a veces, en ese afán de encontrar respuestas a mis dudas vitales, no encuentro el camino y esas veces la impotencia me puede y digo "qué dirás si lo dejamos todo al azar?". Es un poco una rendición, pero condicionada. De todas formas creo que cuanto más dueños seamos de nuestro propio destino y menos dejemos a la superstición y a las circunstancias aleatorias, mejor nos irá a todos." José Ignacio Lapido

"Lo creo profunda y sinceramente, cuanto menos dejemos al azar y más responsables y menos jugadores de cartas seamos, mejor nos irá en este juego de la vida." Javier Gallego

Tengo que dar gracias al tal Lapido por sus palabras y al Crudo por sus buenas entrevistas.
 Me han arreglado el día.


viernes, 26 de abril de 2013

Dulce condena

Quieres creer que nunca más se atreverá a herirte pero la vida se las compone para hacerte rasguños. Piensas que ningún mes de abril volverá a dolerte y descubres que un nudo anida de nuevo en tu pecho. Imaginas que eres ahora más fuerte y sangras cada vez no más pero sí distinto. Los días pasan y tu piel se curte, pero nunca lo suficiente como para salir indemne. Dulce inocencia, este afrontar la vida como una niña. Tierna condena, saberte tan vulnerable pero jugar a ser invencible.

miércoles, 24 de abril de 2013

Mi casa del sol poniente


En mi casa amanece cada vez que se pone el sol. En mi casa vive la luz, aunque pasan horas en las que reina la oscuridad. 

En mi casa se defiende la alegría como trinchera, como principio, como bandera, como destino, como certeza, como derecho... como Benedetti. La alegría como antídoto antitodo.


viernes, 19 de abril de 2013

Invierno en primavera


Escarcha en las venas, viento enloquecedor, palabras que se congelan, mis manos no responden, ojos de cristal, incomunicada, peligro de aludes, circula con precaución, cadenas que me ayudan a avanzar pero pesan demasiado, frío que corta -de nuevo- mi respiración y enlentece los sentidos.

Pequeño invierno de abril
Pequeño infierno de abril


lunes, 15 de abril de 2013

Pura Vida

He ido creando este presente. Lo busqué a con(s)ciencia. Al menos busqué con los ojos abiertos gran parte de lo que ahora soy, de lo que me siento responsable. Tomamos riesgos cada día y tiro porque me toca. La vida a veces parece que se adormece, pero es mentira. Yo al menos, no sé en qué momento, hice una elección que implica vivir a pecho descubierto. Y probablemente no saldré en los periódicos por ello. Ni siquiera tiene ninguna importancia, en términos generales, pero es un compromiso que requiere determinación y energía, es una lucha, cada segundo, por tratar de ser mínimamente coherente. Es difícil vivir así, hagas lo que hagas, pero es el único modo que me parece legítimo. Por eso me parece de una riqueza incalculable encontrar a individuos que militan en esta idea. Pura vida. Así se titula el documental sobre el rescate a Iñaki Ochoa de Olza que, por fin, vi ayer. Hay personas que además mantienen la mirada limpia hasta el final. Y sólo por ese milagro ya me parece que está justificado el empeño de vivir a quemarropa. La cinta habla de cosas importantes: entre otras muchas, de cuánto necesitamos a los demás.

Una se enfrasca en escribir como si sólo existiera una. Como si el mundo alrededor hubiera dejado de ser mundo tras un holocausto nuclear. Estamos yo y lo que siento, pienso y escupo en palabras más o menos acertadas. Pero en el fondo escribo para que alguien me lea (si no, seguiría con lápiz y papel) y esperando que en algún momento inesperado (zas!) haya esa sutil conexión de la que la mayoría de las veces no soy ni siquiera consciente. Escribo también para no volverme loca en mi refugio nuclear, hablando contra las paredes de hormigón. Puede que sólo sea un modo más de expresar la necesidad que tengo de conectar, en algo al menos, con otras personas.

Es bonito crear redes, aunque sean muchas veces frágiles, invisibles a los ojos. Otras veces tan reales que se traducen en un dispositivo de rescate como el que se movilizó para ayudar a una persona en situación límite. 

Es hermoso creer en la vida, en la pura vida. (aquí puedes ver el documental de Iñaki Ochoa de Olza)

lunes, 8 de abril de 2013

Historias mínimas


Me cuenta un colega un escarceo sexual que le ocurrió hace un tiempo. El flirteo empezó con risas. Terminó con la contrincante aporreando la puerta de su casa de madrugada. Y con él llamando a la Guardia Urbana.
Cuánto me hizo reír.

Elige con quien te acuestas, que luego has de levantarte.

Una de las historias mínimas
de un largo fin de semana en Barcelona.

(pincha en la foto si quieres ver Barna desde lo más alto del Parc Güell)


jueves, 4 de abril de 2013

Libre


Una paja a la que hace volar el viento.
Inerme pero liviana.

Instantes.

Da miedo dejarse volar, pero es la única forma de ser.
La libertad aligera el alma pero la libertad profunda, también duele.

Vuelo. 
Contra todo pronóstico, cada vez más alto, cada vez más sin piel.


martes, 2 de abril de 2013

Purga


Aquel año el cielo preñado de nubes no pudo parar de llorar.
Llovió y llovió hasta que los ríos arrastraron todas las miserias del invierno. La crecida duró hasta que aprendimos a convivir con ella. Las zozobras se fueron puliendo contra las piedras y la  tristeza viajó pegada a los cantos rodados. 

Aquel año todo se purgó. No quedaron lágrimas. Sólo agua clara.
Aquel año, que pudo ser cualquiera, es posible que sólo exista en mi imaginación.


lunes, 1 de abril de 2013

Ruido


Hay canciones que me gustaría no cantar nunca.
A decir verdad nunca me ha convencido el ruido: daña y no sólo los oídos.


viernes, 29 de marzo de 2013

Dentro


Me llueve en las entrañas. El campo está verde, brillante. La primavera acecha, brutal, detrás de estas nubes de un gris que no logra mancharme el alma. La espero alegre aún con cierta nostalgia. La miro de frente, que ya no tengo miedo.
Y sin embargo, me llueve en las entrañas. 


martes, 19 de marzo de 2013

Arco del Triunfo


El domingo pasé por debajo del Arco del Triunfo de Barcelona sola, con mi bici. Horas antes, habían pasado miles y miles de maratonianas y maratonianos en sentido contrario al mío, hacia la meta, corriendo detrás de su sueño.

Fue curiosa la energía. Me sentí realizando el camino inverso de los sueños. Venía de tocarlo con los dedos y volvía atrás buscando el deseo que lo gestó.
Me ví, por unos segundos, corriendo la maratón de mi vida. Una vida a la carrera, que tantas veces no coincide con el sentido en el que se desplaza la mayoría. Pero me sentí inmensa en aquel momento. Todo estaba bien, aún yendo del revés. Fue un instante raro, precioso. Feliz. 



Esto también se cuece por Barna. Son Rebeca, Yolanda y compañía. Hacen cosas emocionantes con trapecios y telas, sus deseos y nuestros  sueños. Poesía aérea. Estrenan este espectáculo el viernes próximo en esa ciudad.  No perdérselo.

martes, 12 de marzo de 2013

Desmayo


Hay personas que necesitan desmayarse para hacer un corte a la realidad. Es un paréntesis en blanco a un momento de dolor, miedo o extrema confusión. Lo justo para que esa situación se paralice y volver, con cuidado, a la vida consciente y responsable. Además de los mecanismos fisiológicos y psíquicos, hay redes mucho más sutiles e incontrolables. Fantasean los gurús de las terapias alternativas y mil y un tipo de sanadores con que ese terreno lo tocan ellos. Y yo no me creo casi nada. Digo esto y he probado el reiki, las flores de Bach, la terapia por color, las energías vibracionales de un curioso brujo antropólogo, la kinesiterapia pasiva, el péndulo, la homeopatía, el yoga y alguna movida más que practica gente cercana, a la que aprecio y supongo talento y honestidad para ayudar a los demás. No digo que esto no valga. En un momento determinado algo de esto te puede servir. Claro que sí. También ayuda llevar una piedra en el bolsillo, un elefante en el bolso (gracias Ceci!) o creer en la propia energía. Que te abrace fuerte quien tú quieres que te abrace. O pegarte cuarenta minutos al trote, eso también es eficaz para alinear -o lo que sea que haya que hacer con- los chacras. No te digo ya una buena pateada en el monte con día espectacular: eso te hace un trabajito interno que ni te imaginas.

Pero hay algo por ahí, algo que se escapa a lo que podemos nombrar, con lo que no hay quien se aclare. Entonces vas, y te desmayas.

Llámame floja, pero curiosamente hay días en los que sufro varios desmayos. Pequeños. Nadie lo nota, pero yo identifico el cortocircuito, la falta de ánimo, de fuerza. Pierdo mi poco sentido. Y las palabras no pueden explicar ni de lejos este fenómeno tan complejo. Cuando no sé hacer otra cosa, desfallezco de este modo tan delicado: mis desmayos cotidianos.

Y luego, tengo un  poquito más de coraje para mirar a los ojos a la realidad.


miércoles, 27 de febrero de 2013

lunes, 25 de febrero de 2013

En el baile, bailas


Ayer andaba yo pensando que la vida también es como un baile en pareja. O quizás la pareja sea como un baile vivo, orgánico. El caso es que imagino algunos pasos y señalan casi todo lo que puede suceder en nuestra vida de relación.

Yo me acerco, tú te acercas. Me pisas. Pues sí que estamos bien...
Tú te acercas, yo me acerco. Patada en la espinilla. ¿A que no te lo esperabas?
Yo me alejo, tú vienes. Y también al revés. Un juego divertido, ese buscarnos.
Yo me alejo y tú te alejas. Y cuando parece que ya casi estamos por perdernos de vista, una mano agarra a la del otro y le salva. Y entonces nos acercamos los dos. Y es hermoso.
O tú te alejas, yo me alejo. Y llega un momento en que estamos tan fuera de órbita, que ya ni nos acordamos de cómo era bailar juntos. Se termina la canción.
O bailamos tan pegados que casi no podemos ni respirar. Me asfixio, nos asfixiamos.
O sólo bailamos temazos. Hasta quemarlo todo. Aquí lo importante ya no somos tú y yo. Sólo importa el baile, los temas, lo demás.
O bailamos de todas las formas imaginables hasta terminar exhaustos. Vida intensa.

Me gusta ese baile que es fluido, armónico, sensual, cómplice; que deja aire para respirar pero acerca hasta tocar el alma. Así quiero yo bailar. No importa si alguna vez nos pisamos despistados o damos algún traspiés, lo que importa es seguir bailando hasta encontrar la cadencia propia, única, imaginativa. Hace falta voluntad, como en cualquier disciplina.
Una canción que bailar, una canción que vivir.

Cuando estás en el baile, bailas.

* Cuidado: no saques a bailar a cualquiera. Hay personas que tienen muy mal oído y te pueden arruinar  la fiesta. Y no es sólo que te pisen o te hagan hacer el ridículo en la pista de baile, no: es que pueden lesionarte gravemente. Si te rompes la cadera, que no sea por bailar con un patán.


domingo, 17 de febrero de 2013

Delirio


Vivir es un delirio que engancha. Un paranoia que se cuela en lo que otros se empeñan en llamar realidad. Paranoia que a veces soñamos compartir.

La vida puja. Sale el sol. Los ojos se embellecen. El sueño se va.

Vivir es un delirio. La búsqueda de un espejismo que a veces se puede rozar.
Buscar y encontrar. Deseo y regazo.

La vida siempre tiene las de ganar, aunque termine jugando al escondite con la muerte.

Deliro. Deliras. Deliramos.


martes, 12 de febrero de 2013

De poetas y amores


El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca





Manolo Sanlúcar a la Guitarra, Carmen Linares canta

lunes, 4 de febrero de 2013

Si me acompañas


Si me acompañas, escribiremos versos sin darnos cuenta. Quedarán por un instante tatuados en nuestra piel, para difuminarse después y caer en la gozosa desmemoria. Cantaremos la más hermosa canción, a base de caricias y pintaremos después un océano verdiazul que acogerá nuestros sueños y despertares. No quedarán ya amaneceres de los de mascar la soledad.

Mis ojos descansarán en tus desvelos.
Tu espalda se aflojará acostada sobre mis desvaríos.

Juntos buscaremos nuestro destino, si te atreves a enredarte en mis dedos. Bailaremos melodías encantadas, adictos a la más pura belleza. Treparemos montañas salvajes, colgados en abismos de extravío. Inventaremos la historia de nuestras vidas. Y viviremos más aún.

Si no tienes miedo, fotografiaremos cada uno de nuestros instantes, tan sólo con tus ojos y mis manos, tan limpios como  el agua de ese río.

Verso a verso
canción a canción
fotograma a fotograma
latido a latido.

Deseo que me acompañes.

<