viernes, 29 de marzo de 2013

Dentro


Me llueve en las entrañas. El campo está verde, brillante. La primavera acecha, brutal, detrás de estas nubes de un gris que no logra mancharme el alma. La espero alegre aún con cierta nostalgia. La miro de frente, que ya no tengo miedo.
Y sin embargo, me llueve en las entrañas. 


martes, 19 de marzo de 2013

Arco del Triunfo


El domingo pasé por debajo del Arco del Triunfo de Barcelona sola, con mi bici. Horas antes, habían pasado miles y miles de maratonianas y maratonianos en sentido contrario al mío, hacia la meta, corriendo detrás de su sueño.

Fue curiosa la energía. Me sentí realizando el camino inverso de los sueños. Venía de tocarlo con los dedos y volvía atrás buscando el deseo que lo gestó.
Me ví, por unos segundos, corriendo la maratón de mi vida. Una vida a la carrera, que tantas veces no coincide con el sentido en el que se desplaza la mayoría. Pero me sentí inmensa en aquel momento. Todo estaba bien, aún yendo del revés. Fue un instante raro, precioso. Feliz. 



Esto también se cuece por Barna. Son Rebeca, Yolanda y compañía. Hacen cosas emocionantes con trapecios y telas, sus deseos y nuestros  sueños. Poesía aérea. Estrenan este espectáculo el viernes próximo en esa ciudad.  No perdérselo.

martes, 12 de marzo de 2013

Desmayo


Hay personas que necesitan desmayarse para hacer un corte a la realidad. Es un paréntesis en blanco a un momento de dolor, miedo o extrema confusión. Lo justo para que esa situación se paralice y volver, con cuidado, a la vida consciente y responsable. Además de los mecanismos fisiológicos y psíquicos, hay redes mucho más sutiles e incontrolables. Fantasean los gurús de las terapias alternativas y mil y un tipo de sanadores con que ese terreno lo tocan ellos. Y yo no me creo casi nada. Digo esto y he probado el reiki, las flores de Bach, la terapia por color, las energías vibracionales de un curioso brujo antropólogo, la kinesiterapia pasiva, el péndulo, la homeopatía, el yoga y alguna movida más que practica gente cercana, a la que aprecio y supongo talento y honestidad para ayudar a los demás. No digo que esto no valga. En un momento determinado algo de esto te puede servir. Claro que sí. También ayuda llevar una piedra en el bolsillo, un elefante en el bolso (gracias Ceci!) o creer en la propia energía. Que te abrace fuerte quien tú quieres que te abrace. O pegarte cuarenta minutos al trote, eso también es eficaz para alinear -o lo que sea que haya que hacer con- los chacras. No te digo ya una buena pateada en el monte con día espectacular: eso te hace un trabajito interno que ni te imaginas.

Pero hay algo por ahí, algo que se escapa a lo que podemos nombrar, con lo que no hay quien se aclare. Entonces vas, y te desmayas.

Llámame floja, pero curiosamente hay días en los que sufro varios desmayos. Pequeños. Nadie lo nota, pero yo identifico el cortocircuito, la falta de ánimo, de fuerza. Pierdo mi poco sentido. Y las palabras no pueden explicar ni de lejos este fenómeno tan complejo. Cuando no sé hacer otra cosa, desfallezco de este modo tan delicado: mis desmayos cotidianos.

Y luego, tengo un  poquito más de coraje para mirar a los ojos a la realidad.