lunes, 3 de junio de 2013

Aguantar el tirón


Aguantar es un verbo antipático.

Mayo se ha escapado, creo que se lo ha llevado el viento huracanado que pareciera que se ha instalado definitivamente por aquí. Ese mismo viento que a veces azota los cuerpos hasta tirarlos al suelo, y también por dentro, haciéndoles enloquecer. Siempre me acuerdo de las vacas cuando hace mucho cierzo, que en días así corren y saltan enajenadas.  Somos más o menos vacas, un poco más acá o allá en la lotería genética.

Ese mismo viento hace volar el calendario, las semanas se suceden, se precipitan una detrás de otra hacia lugares insospechados: algunos momentos se alejan hacia el olvido seguro y otros a esa parcela privilegiada de la memoria de los días felices. Es raro todo, como nosotros.

A veces la vida se pone tiesa y toca aguantar. Aguantar el tipo, aguantar la respiración. Apretar los dientes y avanzar entre el caos y la confusión. A ratos la vida hace cosquillas y es liviana, pero qué dificil es acordarse de esos instantes cuando lo que toca es aguantar.


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