viernes, 6 de septiembre de 2013

Mostar


¿Podría yo sobrevivir a una guerra?

Me he hecho esta pregunta en muchas ocasiones. Mi respuesta sería que no, pero sé que la vida tiene tanta fuerza que incluso puede que lo consiguiese. No sé con qué cicatrices y ni siquiera sé si sobrevivir a una guerra es un buen horizonte. Sólo sé que todavía retumban las bombas dentro de mi cabeza y nunca, en realidad, las he oído. Nausea. Balas que atraviesan también lo que no se ve. Impacto. Fotogramas que se agolpan detrás de mis ojos y no me dejan dormir.






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