domingo, 15 de septiembre de 2013

Museoterapia


Hace unos días visité el Museo de las Relaciones Rotas. Un lugar donde exorcizar la pena de los amores no correspondidos, de los abandonos, de las rupturas. Un lugar para dejar ese objeto, esa foto, esa carta y esa historia que se quebró. Un lugar donde despedir simbólicamente a esa persona con la que ya no más o aquella que te rompió el corazón. Desencanto, miedo, traición, aburrimiento, abulia, desencuentro, falta de respeto, desamor. Todos los motivos del mundo. A veces el motivo puede ser la falta de motivo para continuar.

Encontré el museo de casualidad, si es que la casualidad existe y me pareció un rincón imaginativo, terapéutico (para quien envia allí sus miserias) y divertido. Las personas, sus relaciones y más aún sus relaciones rotas, son universos complejos. Y leer las rupturas ajenas -algunas francamente graciosas, otras puro drama- reconcilia con las catástrofes relacionales propias. Había piezas llenas de rabia (un hacha con la que un tipo había destrozado todos los muebles de la casa que fue común) e incluso alguna pequeña venganza con nombre y apellidos. Un traje de novia, llaves que un día abrieron puertas, ungüentos afrodisíacos que no funcionaron, condones comprados con una intención que nunca llegó a acción. Cartas de despedida, cartas de amor. Palabras, palabras, palabras... que no consiguieron que dos personas pudieran entenderse, o quererse, o ambas cosas a la vez.  

Yo también tengo alguna ruptura digna de museo. Cómo no.




Museun of Broken Relationships (aquí lo tienes)

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