lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Por qué?


A menudo me pregunto por qué me gusta escribir.

Salvando las distancias, me identifico bastante con Rosa Montero y sus palabras aquí. 




Claro que creo que soy una niña que no he terminado de madurar... Una niña a la que escribir ordena, de alguna manera, el mundo. Principalmente el mundo de las emociones.

Pero además, he descubierto algo que me encanta del hecho de escribir: la mentira. Lo llevo pensando unos días y sí, a mí me sirve ese mentir, digamos, literario. 

En mi vida cotidiana tengo graves problemas con la mentira. No me gusta mentir y no suelo hacerlo. Es más, a veces creo que me paso. Vamos, que a casi nadie le importa demasiado la verdad. Y mentir me parece un recurso válido, si se utiliza bien. Supongo que me crié con mucha culpa heredada de la religión. Milongas que asfixian.  Ir a pecho descubierto te convierte en vulnerable y no mentir es un boomerang que a veces vuelve y vuelve cruzado. Pero si eres así, eres así. Un rollo.

Entonces, cuando escribes, la mentira no es falsedad, engaño, traición ni embuste. La mentira es ficción, cuento, trama, ensoñación. Me siento cómoda en ese terreno. Mientes como una bellaca mientras ves como esa gran mentira va creciendo entre tus dedos. Puede llegar a hacerse hermosa.  Yo no sé escribir largo, pero tener la capacidad de escribir un buen libro siempre me ha generado una gran admiración. 

Escribir es tejer la gran mentira de tu vida.
Me resulta curioso mirarlo así, pero no tengo duda: mentir sin remordimientos es uno de los regalos que más me interesan del acto de escribir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario