miércoles, 31 de diciembre de 2014

Bienquerer


Me siento una isla en medio de un mar embravecido. Y sigo aquí, con esa dignidad insular que hace a las islas atractivas -su aislamiento, su belleza rara, su energía, su síndrome y todo- contándome las horas para despedir un año de pequeñas catástrofes y de grandes descubrimientos. Un año es como un viaje dentro del viaje que es vivir.  Ahora sé cosas muy interesantes, asuntos entrelíneas que hay que mirar con profundidad para ver, como que tengo mucho miedo pero soy muy valiente. Incoherencias que son o no son, pero entretienen mucho a quien, como yo, se dedica a pensar en sus tonalidades.Y también sé que hay muy pocas cosas realmente importantes, quizás una de ellas sea sentirse bien, o intentarlo, puede que también para ayudar a que el otro se sienta bien. Contagiarse de vida, con quien quiera contagiarse contigo. Viajar los años. Bienquerer. Cómo me gusta esta palabra: bienquerer. Me la pido.

Que sea un año propicio.
Un abrazo, mis queridos y queridas.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Dilución



Había escrito cien veces: te quiero. Y cuando por fin lo tuvo delante, se dio cuenta de que en realidad ya no lo quería, era como si tanto amor se hubiese diluido en su exceso de escritura. Nunca más quiso volver a verlo. Después de aquello, lo que sí hizo fue abandonar su brillante carrera como poeta, por miedo a vaciarse en las palabras que escribía. Ayer me contó un amigo común que ahora anda por ahí, errante y muda, buscando en silencio a quien querer bien.

sábado, 20 de diciembre de 2014

De destinos


¿Eres tú mi destino?
Prefiero pensar que somos compañeros de un viaje sin destino conocido. Que me das la mano y no me robas el corazón. Que me ayudas a comprender el porqué de esta aventura en lugar de robarme la razón. 

En definitiva, no estoy muy de acuerdo con nada de lo que dice la canción, pero me gustaría estar en ese mar con mi guitarra, sentir el oleaje en los pies y soñar que eres tú mi destino y que nos hemos encontrado porque tenía que ser. 

Para no perdernos, para amarnos en medio de las mareas. Sin más.
Ya noto el sabor a sal.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Pequeña caricia


Acariciaré tus mañanas y rasguñaré tus sábanas
si sabes cómo acogerme.
Te necesito con manos vacías y sin miedo,
valiente o loco
como para compartir cama con otra soledad.


martes, 2 de diciembre de 2014

La cebolla


Empezó a pensar en un nuevo teorema. Como nunca le habían cuadrado las cuentas, se olvidó de elaborarlo en base a cuestiones matemáticas. Se sentaba al amanecer en la mesa de la cocina y apagaba la luz pasada la medianoche. Razonaba en ingredientes, en especias, en reducciones balsámicas y frutas de temporada. Pero no contaba con la cebolla. Ese fue su error de cálculo. Lloró hasta que lo inundó todo. En ese momento, desorientada, abandonó las teorías y no puso ninguna en práctica. Y eso, la salvó.




domingo, 23 de noviembre de 2014

Cabriola


Hoy ha caído en mi mano este recorte de periódico de principios de los noventa: empieza a ser una reliquia. En realidad es un manuscrito, lo copié y el original se lo envié junto con una carta a mi primer gran desamor. El texto, así, no es mío. Sirvió entonces para poner palabras a lo que yo no sabía. Ni siquiera tenía claro si era la remitente o la destinataria. Emana ternura. Así era yo. Sufrí mucho, como se sufre cuando tienes 19 años y crees que el amor que se acaba es el único posible. Ahora lo leo y me parece un recuerdo dulce. ¿Acaso no es magia lo que hace el tiempo con nuestra biografía?

Cabriola
Anoche dormí con tu sombra porque tú no estabas, y a ella le conté las mil historias que agitaban mi sueño. En el silencio negro las sábanas arroparon el momento en que creí tenerte a través de la oscuridad. Pero todo era mentira y lloramos por un imposible. Más allá de la luz vagaban los recuerdos como sonámbulos, buscándote entre las nubes... Y al amanecer encontré mi almohada llena de lágrimas y de besos muertos.

En aquel instante supe que aunque yo tocara tu piel tu mente nunca me sentiría, porque te me escapas, te vas hacia un destino que no conozco, que sólo a ti te pertenece. Muchas voces te llaman en la madrugada, voces que has oído otras veces y dicen tu nombre. Notaba tu cuerpo y el frío de tus huesos que estaban en otra parte, miraba tus ojos y adivinaba un mundo ajeno. Y es que tú, maravillosa y bruja, no eras de mí; ni siquiera sabías el color del  aire que te envolvía y te alejaba de mis labios. Sé que vives en la música de unos versos que jamás podré leer, en la miel de una sonrisa que voló hacia el cielo...

Y hoy, que has olvidado hasta tu sombra, paseo por tu ausencia recogiendo en mi memoria marchita aquellas frases que me hicieron presagiar tu marcha mucho antes de que tu cuerpo abandonara al mío. En las palabras que no digo está tu piel intacta, escondiendo tu otra vida, la que siempre me negaste, esa que yo intuía en tus largos silencios y en aquella risa cristalina que aún fustiga mis oidos.

En las tibias luces blancas mis recuerdos se vuelven uno solo y me hablan de aquel eterno minuto en que me asomé a tu alma, tan grande que se te derramaba toda y comprendí tu esfuerzo en sujetarla. Camina, corre hacia ella y dibuja un paisaje para encontrarte. Y cuando tu sombra se incruste en la soledad del páramo, piensa que yo, clavado en el suelo, no pude soñar contigo y que mi boca guardará siempre el sabor mágico de un beso extraño que te arranqué mientras dormías.


sábado, 22 de noviembre de 2014

Del cielo al suelo


En un momento caí del cielo al suelo, y mientras caía vi aquel agujero. Sé que tampoco tú estarás contento, pero es por mí por quien más lo siento. Para la próxima vez, estaré más al tanto. Tengo que acordarme de no subir tan alto.
Lorena Álvarez


martes, 18 de noviembre de 2014

Infancia salvaje


El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. A partir de ahí, las muertes en el jardín de infancia no dejaron de sucederse. Todas las miradas se centraron en el capitán Garfio, pero a mí me resultaba mucho más inquietante el globo de Pocoyó, sus ojos vacíos y su media sonrisa, que se asomaba desde el techo a la escena del crimen. La investigación sigue abierta. Y yo, tengo miedo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Poderes


Empiezo la semana con poder, con poderes extraños que redescubro medio dormidos. Y es que el otoño tiene la capacidad de enlentecer la vida, de invitar a pisar el freno y respirar más despacio, para que en ese recogerse y concentrarse emerjan fuerzas telúricas que andaban por ahí despistadas, de veraneo.

Se asocia la estación a depresión y, en ese sentido, sí que hay algo generalizado de disminución de energía, de bajada de tono vital. Quizás nos aterra la introspección, que se potencia con la caída de las hojas, con la disminución de la luz, con la cortedad de los días. Pero yo, cada vez más, relaciono este tiempo con sentirme semilla: una semilla al abrigo del mundo, calentita, protegida en la oscuridad de la tierra húmeda, recogiendo de fuera todo lo que necesito, estirándome juguetona y perezosa, esperando paciente el momento de crecer definitivamente y sacar algo de mí al exterior.

Es tiempo de cuidarse, de nutrirse, de mimarse un poco. Y de mirar sin miedo a los días más cortos, de desafiar a lo que se supone que debería ser y dejarse camelar por el sol de otoño juguetón.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Fuerza


Vengo del cine. Into the wild en vose, qué bien. Vengo tocada por algunas frases, tocada en el sentido de rozada, de acariciada, de que algo de la narración me ha llegado, con potencia, además de la incontestable belleza visual. Es una película basada en hechos reales contada con mucho cuidado, muy bonica, con tempo lento, Eddie Vedder a la música, fotografía preciosa y que relata una historia tierna y dura a la vez, de búsqueda de pureza, libertad y coherencia. Hace como una especie de breve recordatorio de pequeñas cosas importantes para funcionar por el ancho mundo. 

Habla de que la fragilidad del cristal no indica debilidad, sino calidad. Y habla también de que "en la vida lo importante no es ser fuerte sino sentirse fuerte, medir tu capacidad al menos una vez, hallarte al menos una vez en el estado más primitivo del ser humano, enfrentarte solo a la piedra ciega y sorda sin nada que te ayude, salvo las manos y la cabeza".

Sentirse fuerte. Confiar en la propia fuerza. 
Ese es el desafío. 


martes, 11 de noviembre de 2014


Hablaba el sábado en la cena con unos amigos de la negrura (o no) de este espacio, de este blog. Me dicen personas amables, con su criterio, que a veces leen entradas y les entran ganas de llorar, que les llega reflejado algo quizás ¿triste?. No lo negué ni lo niego ahora. De vez en cuando hago el ejercicio de releerme procurando cambiar mis propios ojos por los de un extraño y, sin duda, puedo encontrar una línea conductora que como "alegre" no podría etiquetar. Así es la cosa. Y sin embargo, me recuerdo en muchos momentos pequeñitos, abiertamente feliz y tranquila, divagando sobre cuestiones que a mí me hacen pensar. A mí este lugar me da más gloria que pena, esa es la verdad.

Es un ángulo de creación, de búsqueda de belleza, de sorpresa, de soltar nudos: todo esto ya lo he ido contando a lo largo de este tiempo juntos.  Si tuviera que decantarme entre lo blanco y el negro, me quedo con la luz que ilumina todo el espectro de colores. Sé que es un lugar que a veces devuelve emociones, que puede alegrar, poner triste o dibujar una media sonrisa. Pero eso no es sólo mío, no me siento tan responsable: mi criatura es ésta y lo que despierta en el otro tiene más que ver con el otro que conmigo misma. Y está bien que así sea. Este no es mi querido diario, ni mi confesión profunda, ni mi muro de las lamentaciones. Hay mucha ficción entre estas letras, así como indudablemente hay algo de lo mío, cómo no. Lo definiría, honestamente, como un punto de encuentro entre lo que yo escribo y tú lees, sin más pretensión que, quizás, enredar un rato juntos.

Y, en realidad, a mí lo que más me interesa es la reflexión, el ejercicio imaginativo que me supone darle vida a esta pantalla. Me interesa aquí lo efímero, lo pasajero, como un capazo en el Coso de Huesca, que puede ser intrascendente y bobo o alcanzar una profundidad inesperada.

Todo es relativo, como ese día que dice Lou Reed que es perfecto, pero a mí me suena tan triste.



viernes, 7 de noviembre de 2014


Yo tampoco soy tan fuerte, ni tan fluida e inteligente. También lloro. También me he vengado, usándote de alguna manera. Me has herido. Me siento rota. Y también pongo excusas, hermano, para que no te sientas mal.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Añoranzas


Echar de menos es una trampa mortal que desdibuja el presente y pone el acento a otro tiempo supuestamente mejor. Yo no echo de menos otras épocas, no soy demasiado nostálgica en ese sentido. Camino convencida de que cada momento es la oportunidad que tenemos, que lo que de bueno nos ocurrió está ahí para ensancharnos el alma, para chispearnos en los ojos, nunca para entristecer. Por eso creo que hay que esforzarse en ser lo mejor, en hacer lo mejor -y no me refiero a los mandamientos del catecismo cristiano ni a los anuncios de cocacola- para escribir nuestra biografía más cuidada.

Sin embargo, sí echo mucho de menos a las personas. El deseo de abrazar a gente a la que quiero, de tener una conversación de esas de quedarse desnuda, de horas, sin prisa. El calor de mi madre. Los hombres de mi vida. Las risas con tanta y tanta gente con la que me hace bien estar. Las penas a medias. La confianza. La complicidad de quien te conoce (bastante) bien. Sentirse bien con los demás, con los de verdad, que no es exactamente lo mismo que pasar un buen rato. Compartir con quien quieres compartir. Las palabras que intercambiamos, que nos hacen humanos. La mirada del otro.

Lo pienso a veces y, sí, puede que ese sea mi mayor patrimonio: mis personas importantes. Es en las relaciones en lo que me empleo a fondo y disfruto y también sufro, pues el infierno puede prender también en el roce.

Echar de menos tiene algo de chute, de dulzor adictivo, de nebulosa. Los que ya no están escuecen como alcohol en una herida. No hay cura rápida para una ausencia, no hay receta mágica para escapar de quien desapareció, del que echó a correr y te dejó atrás, de la que nunca contestó a tu carta o de aquel que quiso cortar el hilo. Pero, sin duda, la peor de las ausencias es la de quien tienes al lado pero sabes que no está. Contra esa, sólo se me ocurre una solución: dinamitar la ciudad. Y no mirar atrás.




Un recuerdo alegre, el Pla persona con el que me encontré ayer. 

jueves, 30 de octubre de 2014

Lejía


La paranoia descorazona.
A veces parece como si hubiera un plan urdido a consciencia para que cayesen cadenciosamente gotas de lejía sobre el alma: corrosión fría que mantiene las llagas abiertas, dolorosas, pese al olor a desinfección.

Yo que no creo en los planes, ni siquiera en los que salen bien, no suelo caer en esta espiral, me descuelgo por otras no menos terribles, pero entiendo que cuando te invade la paranoia también debe ser imposible conservar el corazón. La lejía puede con todo.


domingo, 26 de octubre de 2014

De mentes inquietas


En ocasiones, mi mente danzarina va y viene por caminos antiguos, casi dignos de análisis arqueológico, caminos del erre que erre, de la obsesión y la recaída. Supongo que a otras mentes también les ocurre, que circulan por sendas ya poco ocurrentes o por veredas que sólo aproximan a lugares comunes, a más de lo mismo, al más puro aburrimiento existencial. Son recorridos fáciles, automatismos que se instalan en mi modo de operar en el mundo. Guías viciadas de pensamiento que dejan poco espacio a la improvisación, que no permiten planteamientos demasiado imaginativos. Una mierda, vamos.

Sin embargo, se me ilumina la mirada cuando descubro a esa propia mente mía saltando chispeante por nuevos circuitos, enérgica, consciente y creativa, abierta, caminando en un sin rumbo organizado respecto a los caos circundantes, a mi propio caos devorador. Me observo inquieta, todavía ilusionada, descubriendo nuevas formas de transitar el mundo, los mundos, desandando autopistas del horror para descalzarme en senderos tibios, de tierra húmeda. Redescubriendo, de alguna manera, la magia de las cosas. Y entonces sé que sí, que merece la pena dejarme las suelas en ello.

En ocasiones, veo monstruos.

Sin embargo, de cerca, no me dan miedo.


viernes, 24 de octubre de 2014

Lalalalaaa


Iba a escribir hoy de los infiernos que nos queman por dentro, pero en el fondo no tengo muchas ganas de arder. Por una vez, voy a ser práctica y me ahorro la disertación.

Busco paraisos en los que descansar.
Se recompensará.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Irlanda


No tengo muy claro si esta canción es muy bonita o soy yo, que estoy enamorada del amor.


martes, 14 de octubre de 2014

No apta


Desperté a las nueve y cuarto, cuando la hermana trinitaria que me había atendido al llegar la noche anterior abrió, con el brío que debe proporcionar la fe, la puerta de la habitación comunitaria.

No dijo nada, sólo abrió y cerró. La vi en mi ensoñación y reconocí a esa mujer fortaleza; di un respingo y me levanté, angustiada, pues de momento ya no había cumplido mi único compromiso. 

Mi noche había sido larga. El italiano me pareció un tipo encantador, se emocionó al contarme algunas cosas que traía consigo, en la mochila. Un tío majo, hasta que empezó a roncar. Entre mis pensamientos enredados por el inmsomnio, urdí incluso algún plan para cargármelo, con la distancia que da la certeza de que roncar no era un motivo suficiente. En la litera, debajo de mí, la australiana estuvo también mucho rato dando vueltas, y yo comprendí que era una penitencia grande andar durmiendo con alguien así día tras día. Como dice una amiga psicóloga: allá cada cual con sus perversiones.

Por lo visto, el italiano era mucho más ruidoso dormido que despierto, pues ni me enteré de su partida, de ninguno de los dos, la verdad. Así, cuando la hermaba trinitaria cerró la puerta,  fui consciente de que hacía casi una hora que yo tenía que haber salido de allí. Salté de la cama y fui tras ella, por el pasillo kilométrico de ese sacrosanto lugar, elaborando la disculpa que iba a pedirle.

En el refectorio ya no había nadie, unos dulces sobre la mesa, supuse que para mí. Llamé a la puerta por la que se había retirado mi mujer alcázar la noche anterior, cuando nos despedimos. Nada. Silencio enclaustrado. Y entonces vi la nota: " No vuelvas. No pierdas tu tiempo. No eres apta para la clausura. Buen camino".

No sé si sentí más liberación yo o la monja que llevo dentro. Desde entonces duermo todas las noches de un tirón.


domingo, 5 de octubre de 2014

Provisional


En ocasiones, lo provisional nos aterra. Es una verdad básica que necesitamos anclajes seguros para poder caminar con cierta gracia, con una -puede que ficticia- sensación de estabilidad. Sin embargo, hacerse consciente de lo transitorio de los estados es un alivio, un descubrimiento que aligera el peso que a veces le otorgamos a lo que nos sucede. Lo que hoy es losa, mañana puede ser levedad. 

Y así andamos más o menos todos, buceando despistados en el océano del tiempo, buscando ese momento efímero en el que nos creemos definitivos.


miércoles, 1 de octubre de 2014

Alegría de no vivir


Era hipocondriaco. 

A lo largo de los años había sufrido algunas dolencias reales, pero se aficionó tanto a los síntomas, que no podía despegarse de ellos. Se enamoró de la enfermedad. Tomaba catorce medicinas distintas, en todos los formatos y colores, que le ayudaban a sentirse mejor. Y, sin embargo, miraba con ojos entre la misericordia y el asco a los yonquis. Había llegado un punto en el que su vida sólo tenía sentido si estaba enfermo a diario. Tenía muy poco más de que hablar, de hecho siempre era la misma perorata: él, él y sólo él, sus dolores, sus malestares, sus mareos, su sufrimiento, la confirmación de que era él el que estaba peor, al que le dolía más, al que la enfermedad había azotado más cruelmente. 

Desde su castillo enfermo, repelía con ímpetu los envites de quien tratase siquiera de rozarle las murallas: no escuchaba a nadie que no asintiese resignado a sus lamentaciones. En su obcecación, se alejaba cada vez más de la posibilidad de estar sano, de sentirse bien. Esa defensa férrea de su patológico dominio era lo mismo que una muerte lenta y tediosa, una aniquilación de lo que había de vivo en si mismo.

Y sin embargo, era feliz.
 Los caminos, que son inescrutables.



sábado, 27 de septiembre de 2014

Esto no se para


El mar de septiembre, casi octubre. Las mareas. Oscilaciones emocionales desde lo imperceptible hasta el orfidal. Bajar la cabeza y arrastrar la bici. Bajar la cabeza y arrastrar la bici pero levantar el brazo, los brazos, muchos brazos, hasta acabar levantando las bicis por encima de las cabezas, para luego volar.

Medir los latidos como si tuviese que volver a hacerme amiga de mi propio corazón. Y acercarme a él poco a poco, amorosa, para que dejemos de tener miedo, los dos. El mar de septiembre. La sal que cura las heridas. Poder querer. Saber cuidar. Saber estar en el lugar que se está, sea o no el que corresponde. Fluirse el otoño.

Esto no se para.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cantar en la miseria


"El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse."
Ernesto Sabato


Esta frase me ronda en los últimos días, de rato en rato se me cuela en el pensamiento. Creo que es de lo más lúcido que he leído en mucho tiempo. 

Cantar en la miseria. Potente imagen mental. Cantar en la miseria, nada menos. Eso es, entre otras muchas cosas, dignidad. No resignarse. Sonreirle a este crudo mundo también es protegerse, proteger a los demás. 

Y esta frase, curiosamente, me lleva a esta otra de Ramón Trecet, con la que terminaba cada día su programa de radio: "Buscad la belleza, es la única forma de protesta que merece la pena en este asqueroso mundo". 

Cantar en la miseria es belleza.
Y esta música, también.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Canciones tristes


En el fondo, muchas veces es difícil saber qué es mejor o peor. Todas nuestras historias tienen parte de drama y  de comedia, y en sus vericuetos buceamos todos, más o menos sensibles a los matices del argumento. Los ojos buscan, ávidos de color, pero los espejos a veces nos devuelven el blanco y negro. Y los espejos, rara vez se equivocan.

Por si en el fondo no hay nada, me quedo con canciones tristes que sé que -al final- acabarán devolviéndome la alegría.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Llaves que ya no sirven


Josey me dijo un día que cada llave que tenemos es un problema. Y yo a Josey siempre le he hecho mucho caso, pues me parece una especie de sabio. Tiene algo terapéutico, puede que en parte sea la calma que transmite. El caso es que a mí me ha hecho mucho bien tenerlo cerca, sobre todo cuando compartíamos los días (y aquellos almuerzos de Zarandia!) pero también siempre que de alguna manera lo convoco, pues siempre lo siento ahí. Un grande.

 

El caso es que he pensado muchas veces en aquello que me dijo sobre las llaves. Y es verdad que cada cosa que hay que mantener cerrada a base de candado, aquello que necesita de una llave para poder abrirse o funcionar, es un marrón. Las posesiones nos acaban poseyendo.

Estos días en los que la mudanza me ha abierto las mismas preguntas de todas las mudanzas, en los que me he cagado en la acumulación -a la que soy bastante aficionada- y en los que he vuelto a comprobar que las metáforas abundan en lo cotidiano (porque yo no sólo acumulo zarandajas materiales de las que me cuesta deshacerme, no, qué va, yo guardo conmigo muchas basurillas intangibles que mis fatigas me cuesta dejar atrás) veo, con cegadora claridad, que sería bueno para mí ser capaz de dar a cada objeto o a cada asunto una importancia relativa y de deshacerme de ellos cuando no me procurasen la alegría o ilusión suficientes. Eso es lo importante, ¿no?

Suspendo en esta materia, porque muchas veces no gestiono así mis pequeñas posesiones ni las pasiones: lo tibio, lo que ya no es, lo que ya no sirve. Mis residuos, al fin.

Mañana voy al punto limpio.



domingo, 17 de agosto de 2014

Descuento

Agosto. Paréntesis. Cambio de casa, de curro, de década. Stop. Movimientos. Non stop. Mueves algo y todo se mueve. Efecto dominó. Puto efecto dominó. Todo es distinto cuando la última pieza ha caído. Duele el golpe final, pero ¿todo es distinto de verdad?, ¿cual es la verdad?

En cada mudanza, sea de casa o de piel, toca llorar lo que se deja atrás. Es otro tipo de despedida. No sé si digo adiós a esta casa o me despido, de alguna manera, de mis últimos cinco años. Algo de mí no se vendrá conmigo, quizás se quede aquí revoloteando para siempre, entre estas paredes, flotando delante del cristal de mi balcón. Sesenta y tres meses merecerían su fiesta de despedida, casi de agradecimiento. Desde muy niña, nunca había estado tanto tiempo seguido bajo el mismo techo. Abandoné el nomadismo para hacer una cura de soledad que me deja la sensación, al fin, de ser un poco más fuerte. Ha sido un tiempo potente, este que me ha concedido la calle Heroísmo. Necesario y luminoso, más allá de algún pequeño nubarrón. Al final, siento que dejo aquí buena energía. No me iría, pero me voy. Y es que, ya lo he dicho, es tiempo de movimiento.

No me gustan las despedidas a no ser que den paso a algo mejor y, ¿cómo decirlo?: cuidado con lo que deseas. A mí me asustan los cantos de sirena, las promesas de un futuro reparador. Tampoco me gusta el fútbol pero, en realidad, me siento en tiempo de descuento. Siempre nos queda la posibilidad de compensar el tiempo perdido, si es que algún tiempo fue de verdad perdido, cosa que dudo. Sea como sea, voy a por el descuento. Allí me quedo un rato largo, al menos hasta que vuelva a poner de pie las fichas de mi dominó.


sábado, 9 de agosto de 2014

Ya


All my worldly desires
all my yardsticks of fear
all my secrets untold
all my motives unclear

hangin' down in the fire
burnin' them higher
won't take them away from here

and long after we're gone
the light will stay on
and long after we're safe
the lights will not fade. 


martes, 1 de julio de 2014

Casi


Me aproximo sigilosa hacia agosto. Cuarenta tacos. Lo pongo en letra porque es más disimulado. No sé si el cansancio de mis días de verano es por la crisis correspondiente o si simplemente estoy sumida en mi estado de crisis habitual, pero hace calor y me canso más. En definitiva, me gusta exagerar, pero sólo por verte reír.

Nunca pensé llegar hasta aquí. O en llegar, en cierto modo, con tanta alegría. Cada vez me río más a gusto, sobre todo de mí. Hay algo en mi interior que está en mejor forma que nunca. Eso me parece. Quizás estoy vuelta loca y no veo la realidad, pero me temo que no, que podría estar mucho más pirada. Y los cuarenta, al final, no deben ser el fin de nada... ¿de qué? Si son el fin de algo, que lo sean de la idiocia.

Desde que tengo uso de razón, bailo haciendo equilibrios. Danzo bajo mi propia mirada escrutadora, como lanzada desde los ojos de un padre celoso, que no quiere que su niña coquetee con el primer gilipollas pero tampoco quiere ver que pasa la fiesta sola en un rincón. Me miro, por la rendija que queda entre el miedo y el deseo. Me deslizo, tratando de que mi rozamiento con los raíles de la vida sea cada vez menor.

El rollo (o la maravilla) es que a estas alturas te equivocas como antes, te asaltan las mismas dudas, te escuecen los mismos desamores, te afean los mismos talones de Aquiles. Todo es lo mismo. Sólo algunos relojes parece que se ponen a avanzar más rápido, aunque me temo que también sea una gran mentira. Tiempo hay, siempre. Porque el tiempo que a veces se me escapa de las manos, en otras ocasiones se alía conmigo para hacer grandes cosas. Sólo son necesarias centésimas de segundo para tomar una decisión, para decir que sí, o que no, para abrir los brazos a lo que esté por llegar, para dejar atrás todas las resistencias.

Leí alguna vez por ahí que mi nombre significa "la que otorga la felicidad" y entendí entonces que yo era sólo para los demás. Qué bruta. Ahora, tanto tiempo después, sé que no. Y esa gratificante arruga, entre otras muchas, se la debo a la edad.

No me gustan los años pares. No me gustan los números pares. Me gusta lo impar, lo dispar, lo singular, lo torcido. Sin embargo, en esta ocasión, me rindo ante la belleza de un número tan redondo.

Mi mítico pesimismo se enreda cada vez más con un optimismo sereno, pero si he de elegir, me quedo con el realismo mágico, cómo no. La magia, también a los cuarenta.


Déjame soñar.


martes, 27 de mayo de 2014

Perdida


Huyo de los escaparates. Se cansa hasta la rosa de ser rosa. Las mentes que me interesan tampoco están apoyadas en la barra de un bar. Y eso que me gustan los bares, pero las mentes son otra cosa. La belleza se esconde en lugares recónditos, en espacios personales invisibles a los ojos perezosos, aquellos que no quieren ver más allá. De noche todos los gatos son pardos. Y de día, maúllan la resaca. 

Hay momentos en los que me apetece volverme anacoreta sempiterna. Alejarme de los focos, salirme de los circuitos habituales, del todo. Porque a veces yo también me aburro: me aburren las rutinas, las fórmulas magistrales, me hastían las personas vacías, las que viven en eternos escaparates, los maniquís en los que se han convertido aquellos que un día pensaron que lo sabían todo. O aquellos que no sabían mirar a los demás.

Escuadrones de maniquís. Cuidado, no pierdas el paso. Además, no quiero que me encasilles en tus clasificaciones: no, no pienso como ellos. Seguramente tampoco pienso como tú. Déjame. Quiero tener mi única libertad, la de ser yo misma. Como esa nube. 

Yo misma, aunque sea perdida. Perdidamente yo.


domingo, 25 de mayo de 2014

Amores (des)clasificados


Me pregunto cuántas veces me equivoqué en el amor.

Qué pasó con la pasión a dónde voló el compromiso o por qué la intimidad se quedó corta. Mierda.






Teoría triangular del amor de Sternberg


domingo, 18 de mayo de 2014

Ciudadano del universo


Anoche me acerqué a ver Tu voz entre otras mil, el documental que sobre Antonio Vega ha dirigido Paloma Concejero. Es la primera vez que he participado en una historia de crowdfunding o micromecenazgo. La verdad es que es un formato este que me interesa: poner algo de mí para que algo que quiero, sea.

Cuando él murió yo estaba en una situación mala, desmantelando, llena de tristeza, mi casa anterior. Eso fue un mes de mayo y en junio llegué a vivir aquí, de algún modo derrotada. Me obsesionó la noticia de su muerte.  Escribí esto, entonces: Antonio Vega ya es una estrella... Jo. Ni me acordaba hasta ahora mismo, al ponerme a escribir de nuevo. Me tocó, curiosamente, mucho.

Y es que yo nunca fui veguista, como se llaman a sí mismos los fieles seguidores de Antonio. Es más, durante años, pensé que Antonio Vega era su primo Nacho, de Nacha Pop, que era para mí cantoso y cansino, la imagen entre infantil y hedonista de la banda. Cuando se separaron, no sabía muy bien de quién era esa voz que me cautivaba, no eran tiempos de internet, en los que en una décima de segundo puedes tener una imagen de quien quieras. Y un día, por fin, uní la voz a la persona, a ese tipo que me parecía sensible, guapo, enigmático, tímido, dulce, inteligente y algo melancólico. Y fui encontrando algunas canciones que me parecen auténticas joyas, polvo de estrellas. Compositor de belleza, lejos de la pretenciosidad, navegando en un lenguaje cercano y certero, poética cotidiana. 

Anoche me gustó lo que vi, hecho desde el amor de una periodista y fan absoluta. Es una visión de cercanías, que se adentra en recovecos íntimos pero no desmonta a la persona. La mirada es de admiración pero sin caer en los absurdos del estrellato o la mitomanía. Una aproximación abierta, sin tapujos ni disimulos, a una personalidad compleja. Me pareció un desnudar a Antonio Vega desde el bienquerer. Desde luego, no es la historia de un yonki que hacía música. Y mira que se relata de un modo claro, porque clara es la alianza que hizo con la heroína, evidente el deterioro físico, la autodestrucción, la falta de cuidado y lo oscuro. Pero, más allá del caballo, está siempre en primer plano el Antonio vital, amante de la astronomía, el músico, el creador, el trabajador obsesivo de sus propias obsesiones, el pensador, también el marginal -en más de un sentido- y el emocional, el poeta. El gran consentido, dicen.

Yo estoy segura de que si lo hubiera conocido habría vivido, quién sabe si sufrido, su poder de atracción. La atracción de los astros rutilantes. Y es que Antonio Vega, con todo, tenía algo que tienen para mí algunas pocas personas, algo entre magnético, maldito y sublime, algo que, puede que inexplicablemente, engancha: heroína, era él también, de la más pura.


sábado, 17 de mayo de 2014

Espera


Abro paréntesis.
Espacio para que la vida suceda, silencio para calmar el ruido y las voces. Acallar el mundo. Dejar de hacer para que sea, cerrar los ojos y ver. Levantar el pie. Evitar que la invasión me atraviese la piel. Okupar, yo, a mí. 

Reinventaré los abrazos, haré saltar piedras planas en el río,  jugaré con el viento.
Lo importante. 

Me bajo, en la estación del tiempo ganado.





Ideario

Me da vértigo el punto muerto 
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil. 
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras 
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido, 
las señales de stop y  los pasos perdidos. 
Me agobian las medianas, 
las frases que están hechas, 
los que nunca saludan y los malos profetas. 
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo 
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu. 
Me entristecen quienes me venden clines 
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer 
y los que sólo son simples marionetas. 
Me aplasta la hermosura 
de los cuerpos perfectos, 
las sirenas que uluan en las noches de fiesta, 
los codigos de barras, 
el baile de etiquetas. 
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, 
el paso obligatorio, las tardes de domingo 
y hasta la línea recta. 
Me enervan los que no tienen dudas 
y aquellos que se aferran 
a sus ideales sobre los de cualquiera. 
Me cansa tanto tráfico 
y tanto sinsentido, 
parado frente al mar mientras que el mundo gira. 

Francisco M. Ortega Palomares

lunes, 12 de mayo de 2014

La excepción como militancia


Sólo creo absoluta y ciegamente en la excepción.

Explica lo inexplicable, da luz en la oscuridad. A ella le debo la vida, la cordura, la alegría e incluso la salud. Sin excepciones no entiendo el mundo ni a las personas, las reglas son renglones de aburrimiento, las relaciones se me empobrecen, el pensamiento adolece de dogma y las ideas se convierten en pesadas losas. La excepción me saca de todos los mapas en los que no quiero que me ubiquen.
Si tengo fe en algo, es en la excepción. 

Eso sí,  lo excepcional hay que soñarlo, mimarlo y currárselo.
Yo no dije que fuese fácil.


miércoles, 30 de abril de 2014

Estrategia


Tomarte como quien toma una ciudad pero no someterte a más juicio que el cuerpo a cuerpo, para liberarte después sin absurdas capitulaciones. Dinamitar tus muros hasta que caigan las últimas piedras que tiras y te rebotan en alarde defensivo. Asediarte sin que lo notes,  con mi única estrategia de no tener estrategia. 

Planeo mi victoria limpia y tu rendición, total.  Sin saber si en el fondo pierde quien gana ni si esta batalla tiene algún sentido.

Las palabras nunca dichas luchan contra el silencio, haciendo evidente que no hay derrota mayor que quedarse en el limbo de los idiotas, con nada que decir.


domingo, 27 de abril de 2014

Cambiar de gafas


Por mi dedicación profesional, estoy en contacto a diario con niños muy pequeños con dificultades "extra". Como todo, tiene su parte amable y otra más dura, pues no es nada fácil estar al lado de las personas cuando las cosas no van bien.  Todos los padres sufren de uno u otro modo cuando llega una niña o niño no esperado, en el sentido de que lo que se espera es un niño sin problemas de salud. Y también los pequeños sufren cuando son conscientes de su diferencia. Se encoge el alma en algunas situaciones. Sin embargo, los niños son seres extraordinarios, y estar de su lado es siempre especial.

Los niños saben cosas, muchas cosas y muy interesantes. Y, en general, se les escucha poco. Mucho menos que a los adultos que, también en general, hablamos de cosas mucho más aburridas e inútiles. Yo creo que lo que ocurre es que conocemos lo realmente importante cuando somos pequeños y, poco a poco, impregnados por esta vida tan complicada que nos hemos ido creando, lo vamos olvidando.

Leo por ahí que "la peor discapacidad es la de no darse cuenta de que somos iguales" y me parece un pensamiento certero. Conozco a muchos seres con discapacidad, reconocida o no (yo también lo soy -puntuando alto en varias categorías-), con limitaciones en aspectos vitales para tener una existencia que merezca la pena. Todos estamos en lo mismo, ¿o no? ¿Cual es la diferencia?¿Quién decide si es menos adaptado sufrir una parálisis cerebral o ser una mentirosa compulsiva o tener pánico a los aviones?

Merece la pena cuestionarse, repensar cómo miramos el mundo. Y es imprescindible, cuando posamos la mirada sobre un pequeño -o no tanto- con dificultades, quitarse las gafas de mirar déficits y ponerse las de ver capacidades. Mirar, en el fondo, con ojos limpios, como hacen los niños.

A veces a mí también se me olvida, tanto en mi trabajo como en lo personal. Y miro como una adulta, llena de prejuicios y de mal agüero.

No pongamos al otro las limitaciones de nuestra mirada. Dejémosle que sea.
En ese punto, quizás podamos encontrarnos. Ojalá.



domingo, 20 de abril de 2014

Y de nuevo, 20 de abril


Abres los ojos y ha pasado un año. 
Decides cambiar de vida y te cortas el pelo.

Abril es un mes al que antes no hacía caso, se fugaba de mis calendarios, quizás influido por Sabina y sus letras que tanto me gustaría haber escrito.

Desde hace un tiempo abril se me ha vuelto rebelde, para que no me olvide de él, para que a nadie se le ocurra robármelo. Pero lo que no sabe este abril mío, es que yo cada vez soy más combativa: me agarro a la ternura, pero con los dientes. No lo puedo explicar mejor.

Me emociono si vuelvo a los Celtas Cortos cantando al 20 de abril en un concierto en Canfranc. Piel de gallina. Recuerdo comer muesli que llevaba Jorge en la mochila y beber algo, que no recuerdo qué, que también llevaba encima. ¿Absenta? Podría ser. Y bailar. Reir. Fugazmente feliz. 

Y una cosa me lleva a la otra y mis recuerdos a otra canción, que me saca de algunos abriles de mierda y me mete en el centro de la diana de los días felices.

Dormid, pero poco. Bailad más.
A por la vida.


sábado, 5 de abril de 2014

Mis bragas


Ocurrió la semana pasada.
He pasado de comprarme bragas talla S a M. Parece banal, ¿verdad? En el momento en que pagué mis nuevas bragas fui consciente de que detrás de esta aparente chorrada puede que haya, quizás, una declaración de intenciones, no sólo un culo cada vez más gordo. Las bragas talla M son, de alguna manera, como las canas del año pasado. O como las bicicletas en Zaragoza. Han llegado para quedarse. A mí las canas me gustan, siempre me han gustado en cabeza ajena. Dan un aire interesante que no se puede aguantar. Ahora que yo también las tengo y he vivido mucho más rato, cada vez soy más consciente de los absurdos clichés con que nos manejamos por el mundo. Hay gente con canas mema de solemnidad y, lamentablemente, otra gente sin canas que bien merecería un pollazo en la cabeza (eso lo decía, de algunas mujeres con las que se cruzó en su vida, un buen amigo mío... qué bruto! ja). 

En fin. Yo qué sé. De todo esto, lo único cierto es que empiezo a tener una cantidad interesante de canas que, paradójicamente, no sé si hacen de mí una persona "interesante" y, por supuesto, que he dado el salto definitivo a las bragas M: síntomas inequívocos de que las cosas se van poniendo en su lugar.


martes, 1 de abril de 2014

Personas todo es posible


Hay personas que son esperanza, cuyo brillo devuelve el brillo a los ojos de los demás. Personas aire fresco, que merecen la alegría. Suelen ser sutiles, cuidadosas, a veces efímeras: hermosos seres raros. Hay personas que derrotan al desencanto, difuminan las obsesiones, abren grietas en los muros de los corazones fatigados.

Cuando me cruzo con una de ellas, la atrapo, voraz.

Hay personas de una pieza que abrazan sin tocar.
De esas quiero yo en mi mundo.
Las convoco.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Abrir los ojos


No sé si han sido las horas de sueño, una conversación certera en el curro,  el atardecer en bici por los contornos de la ciudad, los colores del cielo que me han ofrecido una postal con la que hacía tiempo no me topaba o la inusual cerveza de las cinco de la tarde bajo el simpático sol de este último día de invierno. 
Mis maneras de celebrar. Mil maneras de celebrar.

No sé qué ha sido lo que me ha empoderado. Quizá ha sido todo esto o puede que haya sido sólo yo. O mis ojos abiertos. No sé qué ha sido pero me siento fuerte, serena, limpia y libre. Brazos abiertos, como los ojos.

Estoy en el camino.
Estamos en el camino.


jueves, 13 de marzo de 2014

Olga Bernad


Hoy comparto aquí un texto de Olga Bernad, que me ha tocado especialmente al escucharlo -en la voz de María Pérez Collados- hace un momento, en la presentación de su último libro Algunos cisnes negros

Leo a Olga y me gustaría, tantas veces, haber escrito lo que ella escribe... que ya no sé si lo que siento es admiración o envidia corrosiva: cada obsesión es un trozo de amor destartalado, dice, y un poco más abajo... o un zarpazo de inmensidad que no cabe en la cabeza. Grande.


La terrible virtud de ser inolvidable

Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla
que voluntariamente la recordaba. Lo cierto es que abusé
de esos ratos; darles principio resultaba más sencillo que
darles fin.
Jorge Luis Borges, El Zahir 

Moneda  o ser amado, poema o canción, tigre rayado o sable poderoso, el sujeto que atrapa nuestro pensamiento juega con nosotros. Somos su presa y nuestra mente el lago azul o negro en que su imagen, su concepto, su voz o sus palabras se repiten y doblan, se reflejan como si fueran ciertos mil veces, vuelven a ser y siguen siendo hasta convertirse en obsesiones. La cordura, los horarios, las frases hechas y la filosofía, todo lo razonable, sólo son piedras lanzadas inútilmente contra la superficie del lago, intentos infantiles de hacer desaparecer la imagen impresa en el deseo o en el alma. Sólo es cuestión de tiempo que el agua lisa vuelva a reflejar lo que quiere y sepa ser espejo de nuestros pensamientos.

A veces el camino es perderse en ellos, zambullirse desnuda en el estanque ciego, repetir un nombre hasta que no signifique nada. Gastar el Zahir a fuerza de pensarlo, decía el maestro. Pero el Zahir es lo inolvidable, y lo inolvidable puede enloquecer. Detrás de cada ser inolvidable (el notorio, el visible) Borges intuía la existencia de Dios, quizá para consolarse. Por eso al decir "Zahir" pronunciamos uno de sus noventa y nueve nombres.

Cada obsesión es un trozo de amor destartalado, el reflejo imperfecto y tenaz de una arquitectura que sabemos perfecta, un barco que se hunde para siempre, una caricia o un zarpazo de inmensidad que no cabe en la cabeza. Pero es un poco de inmensidad, la sombra de la rosa.

Olga Bernad


domingo, 9 de marzo de 2014

Pozo


Eres un pozo sin fondo
sin lugar en el que asirse
ni tú
ni yo
ni nadie

Y sin embargo
todavía te susurro

Eres un pozo y lo sabes

Y sin embargo
todavía me das la mano
distraido
mientras dices que no quieres
que me ahogue contigo


                         

sábado, 1 de marzo de 2014

Día madriguera


Hay días que sirven para lamerse las heridas.
Días de cálida oscuridad.
Hacerse una bola, cerrar la puerta y abandonarse.
Días madriguera.


martes, 25 de febrero de 2014

Trampas


Te precipitas contra la vida desde primera hora de la mañana hasta última de la noche, pero por más rápido que vas no consigues huir de ti mismo. Nunca es suficiente, todo es poco, siempre te pierdes algo mejor. No eliges para no morder el arrepentimiento. Echas de menos lo que no tienes, pero en cuanto lo tienes lo echas de más. No sueñas, por no tener que despertar. ¿Se puede ser feliz o es mejor quejarse? Quejarse de que nada es como querrías, de que es demasiado tarde, o demasiado pronto, o demasiado fácil o difícil o simple o complejo o intenso o descafeinado. ¿Y los demás? También es culpa suya, por ser tan malos o tan buenos o tan lerdos o inteligentes o sutiles o rudos o incluso guapos o feos. Siempre falta un poquitín para estar bien, siempre hay quien te quiere menos o más; siempre podrías ser una mejor versión de ti mismo. Esperas pero no quieres esperar, aunque a veces no puedes esperar y sin embargo crees que habría sido lo correcto. No hay manera. O de cómo caer siempre en las mismas trampas. "I just can´t face myself alone again". 

A mí también me gustaría cogerme de esa mano y quemar las carreteras buscando la tierra prometida, quitarme los fantasmas de los ojos, dejar esta ciudad de perdedores y ser libre.

No somos héroes, pero en el fondo todo está bien.


lunes, 17 de febrero de 2014

Entrañas


Estos días tengo el corazón desprotegido. Y no es sólo una metáfora.
Ando algo triste; es algo así como que no me deslizo con la vida.
Con el corazón sin coraza las emociones llegan con un extra de intensidad. Ayer enterramos a una tía abuela que quería mucho a mi madre. Y en esta despedida de ayer hubo momentos muy gratos también para su recuerdo, palabras grandes de otras personas para ella.

Justo hoy hace demasiados años que mi madre murió. Veintitrés. Ha sido como una guerra, algo a lo que en algún momento pensé que no podría sobrevivir. Hay dolores tan intensos que no se pueden contar,  tan inexplicables que no hay palabras con las que hacerse entender.

Y estos días que ando triste y algo abúlica, recuento mis pesares y son insignificantes respecto a los de entonces. Esta tristeza mía es casi risa, un entretenimiento del invierno en comparación con aquel desierto, con aquel páramo que atravesé a rastras.

De mi madre guardo muchas cosas: de las peores, su método didáctico para hacerme comer lentejas, a ostia limpia, pero ya no le guardo rencor. La recuerdo una mujer sensible en un medio atroz. La recuerdo valiente, fuerte, tenaz y muy trabajadora. Decía que admiraba de los franceses que tan pronto se calzaban unas botas y se iban al monte, como zapatos de tacón para una fiesta: gente todoterreno. Y yo creo que ella era así. De hecho nació casi en Francia. De mi madre atesoro muchas pinceladas: era generosa, experta cocinera, hacia malabares para que comiesemos caliente en tiempos de verdaderos apuros económicos (en esto alguna vez le echó una mano la tía María que se fue estos días); la recuerdo cariñosa pero firme, maternal, resuelta, exigente; también preocupadiza, inteligente, solidaria y muy enamorada. Mucho. 

Una vez me atrapó en su red un chico que me dijo con media sonrisa "yo, soy hijo del amor" y me explicó un poco acerca de la historia de sus padres y por qué él creía que era hijo del amor. Muy gracioso. Y singular. En ese preciso momento comprendí  una cosa extraordinaria en la que todavía no había reparado: que yo también soy hija del amor. No me cupo ninguna duda. Me pareció lindo y me lo parece aún ahora.

El amor, de alguna manera, es también el mejor regalo que me queda de ella.
Gracias, madre.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Mis charcos


A finales de diciembre, Antoine se fue. Un tumor cerebral se llevó su risa. Hace dos semanas, Beatriz ingresó de urgencia en el hospital, con un derrame también cerebral. Hoy sigue sin palabras, sin movimiento, sin emociones. La semana pasada Fanny se tiró por la ventana. Un séptimo piso y adiós.

Enero me ha robado el brillo, se ha entretenido en dolerme, en acumular ausencias, insomnio, preguntas y espalda cargada. Pacté con el invierno que no me agrediría, pero está claro que hemos de revisar algunas clausulas de su rendición.

Esta oscuridad dice pocas cosas muy claras: tenemos poco tiempo, sólo es lícito vivir a conciencia, en profundidad.

Saltaré sobre los charcos, y todo habrá pasado.

sábado, 18 de enero de 2014

Incerteza


Mis días se funden en este desfado.
Este tiempo a veces hermoso, otras terrible.
Siempre en duda.
Ay.





miércoles, 15 de enero de 2014

Deflagración


Me siento presa. 

Y no me refiero a lo que veo en la calle:  la vulneración de mis derechos, la expropiación forzosa de mis libertades, cada vez  más, con mayor desvergüenza, sin ningún pudor.

Y no me refiero a que tienen todos mis datos, saben dónde trabajo, dónde vivo, con quién voy, qué es lo que me gusta hacer y cuales son mis amigos; cómo es mi salud y los deportes que practico; qué hago con mi dinero, dónde compro, la música que escucho, lo que opino en los periódicos; a dónde viajo, lo que estudio, si mi pareja es hombre o mujer, cómo es la relación con mi familia de origen.

Y no me refiero a que juzguen mi ropa, mi actitud, mis vicios, mis amores, mis ideas, mis sueños, mis valores, mis errores, mis elecciones.

Me siento prisionera. 
Y los demás no importan.

Soy el punto central de un tatuaje carcelario, rodeada por los cuatro puntos que son las paredes de mi celda. He gritado hasta caer exhausta pero nadie me oye; he lanzado señales de humo pero nadie me ve. Soy la nada. La nada prisionera. Prisionera de nada. Prisionera de mí.




Escribo como quien maneja dinamita, tecleo como el que fabrica un cóctel molotov. 
Arderá todo, también mis muros. Y ya no habrá más cárceles.




Arderá todo. Y puede que ya sea libre.
Seré libre. Pero no tendré dónde esconderme.


lunes, 13 de enero de 2014

Mi camino


La vida bien podría ser el camino de las utopías, al menos para la tribu de los soñadores, entre los que me cuento. 

Me parece atractivo lo difícil, me atrae apasionadamente lo irrealizable. Y eso significa que sufro, porque caminar en la dificultad es casi siempre poco placentero (no soy masoca), pero también que sigo siendo lo suficientemente  inocente como para tener algún ratillo de felicidad porque, pese a realidades poco esperanzadoras, sigo soñando.