miércoles, 30 de abril de 2014

Estrategia


Tomarte como quien toma una ciudad pero no someterte a más juicio que el cuerpo a cuerpo, para liberarte después sin absurdas capitulaciones. Dinamitar tus muros hasta que caigan las últimas piedras que tiras y te rebotan en alarde defensivo. Asediarte sin que lo notes,  con mi única estrategia de no tener estrategia. 

Planeo mi victoria limpia y tu rendición, total.  Sin saber si en el fondo pierde quien gana ni si esta batalla tiene algún sentido.

Las palabras nunca dichas luchan contra el silencio, haciendo evidente que no hay derrota mayor que quedarse en el limbo de los idiotas, con nada que decir.


domingo, 27 de abril de 2014

Cambiar de gafas


Por mi dedicación profesional, estoy en contacto a diario con niños muy pequeños con dificultades "extra". Como todo, tiene su parte amable y otra más dura, pues no es nada fácil estar al lado de las personas cuando las cosas no van bien.  Todos los padres sufren de uno u otro modo cuando llega una niña o niño no esperado, en el sentido de que lo que se espera es un niño sin problemas de salud. Y también los pequeños sufren cuando son conscientes de su diferencia. Se encoge el alma en algunas situaciones. Sin embargo, los niños son seres extraordinarios, y estar de su lado es siempre especial.

Los niños saben cosas, muchas cosas y muy interesantes. Y, en general, se les escucha poco. Mucho menos que a los adultos que, también en general, hablamos de cosas mucho más aburridas e inútiles. Yo creo que lo que ocurre es que conocemos lo realmente importante cuando somos pequeños y, poco a poco, impregnados por esta vida tan complicada que nos hemos ido creando, lo vamos olvidando.

Leo por ahí que "la peor discapacidad es la de no darse cuenta de que somos iguales" y me parece un pensamiento certero. Conozco a muchos seres con discapacidad, reconocida o no (yo también lo soy -puntuando alto en varias categorías-), con limitaciones en aspectos vitales para tener una existencia que merezca la pena. Todos estamos en lo mismo, ¿o no? ¿Cual es la diferencia?¿Quién decide si es menos adaptado sufrir una parálisis cerebral o ser una mentirosa compulsiva o tener pánico a los aviones?

Merece la pena cuestionarse, repensar cómo miramos el mundo. Y es imprescindible, cuando posamos la mirada sobre un pequeño -o no tanto- con dificultades, quitarse las gafas de mirar déficits y ponerse las de ver capacidades. Mirar, en el fondo, con ojos limpios, como hacen los niños.

A veces a mí también se me olvida, tanto en mi trabajo como en lo personal. Y miro como una adulta, llena de prejuicios y de mal agüero.

No pongamos al otro las limitaciones de nuestra mirada. Dejémosle que sea.
En ese punto, quizás podamos encontrarnos. Ojalá.



domingo, 20 de abril de 2014

Y de nuevo, 20 de abril


Abres los ojos y ha pasado un año. 
Decides cambiar de vida y te cortas el pelo.

Abril es un mes al que antes no hacía caso, se fugaba de mis calendarios, quizás influido por Sabina y sus letras que tanto me gustaría haber escrito.

Desde hace un tiempo abril se me ha vuelto rebelde, para que no me olvide de él, para que a nadie se le ocurra robármelo. Pero lo que no sabe este abril mío, es que yo cada vez soy más combativa: me agarro a la ternura, pero con los dientes. No lo puedo explicar mejor.

Me emociono si vuelvo a los Celtas Cortos cantando al 20 de abril en un concierto en Canfranc. Piel de gallina. Recuerdo comer muesli que llevaba Jorge en la mochila y beber algo, que no recuerdo qué, que también llevaba encima. ¿Absenta? Podría ser. Y bailar. Reir. Fugazmente feliz. 

Y una cosa me lleva a la otra y mis recuerdos a otra canción, que me saca de algunos abriles de mierda y me mete en el centro de la diana de los días felices.

Dormid, pero poco. Bailad más.
A por la vida.


sábado, 5 de abril de 2014

Mis bragas


Ocurrió la semana pasada.
He pasado de comprarme bragas talla S a M. Parece banal, ¿verdad? En el momento en que pagué mis nuevas bragas fui consciente de que detrás de esta aparente chorrada puede que haya, quizás, una declaración de intenciones, no sólo un culo cada vez más gordo. Las bragas talla M son, de alguna manera, como las canas del año pasado. O como las bicicletas en Zaragoza. Han llegado para quedarse. A mí las canas me gustan, siempre me han gustado en cabeza ajena. Dan un aire interesante que no se puede aguantar. Ahora que yo también las tengo y he vivido mucho más rato, cada vez soy más consciente de los absurdos clichés con que nos manejamos por el mundo. Hay gente con canas mema de solemnidad y, lamentablemente, otra gente sin canas que bien merecería un pollazo en la cabeza (eso lo decía, de algunas mujeres con las que se cruzó en su vida, un buen amigo mío... qué bruto! ja). 

En fin. Yo qué sé. De todo esto, lo único cierto es que empiezo a tener una cantidad interesante de canas que, paradójicamente, no sé si hacen de mí una persona "interesante" y, por supuesto, que he dado el salto definitivo a las bragas M: síntomas inequívocos de que las cosas se van poniendo en su lugar.


martes, 1 de abril de 2014

Personas todo es posible


Hay personas que son esperanza, cuyo brillo devuelve el brillo a los ojos de los demás. Personas aire fresco, que merecen la alegría. Suelen ser sutiles, cuidadosas, a veces efímeras: hermosos seres raros. Hay personas que derrotan al desencanto, difuminan las obsesiones, abren grietas en los muros de los corazones fatigados.

Cuando me cruzo con una de ellas, la atrapo, voraz.

Hay personas de una pieza que abrazan sin tocar.
De esas quiero yo en mi mundo.
Las convoco.