sábado, 5 de abril de 2014

Mis bragas


Ocurrió la semana pasada.
He pasado de comprarme bragas talla S a M. Parece banal, ¿verdad? En el momento en que pagué mis nuevas bragas fui consciente de que detrás de esta aparente chorrada puede que haya, quizás, una declaración de intenciones, no sólo un culo cada vez más gordo. Las bragas talla M son, de alguna manera, como las canas del año pasado. O como las bicicletas en Zaragoza. Han llegado para quedarse. A mí las canas me gustan, siempre me han gustado en cabeza ajena. Dan un aire interesante que no se puede aguantar. Ahora que yo también las tengo y he vivido mucho más rato, cada vez soy más consciente de los absurdos clichés con que nos manejamos por el mundo. Hay gente con canas mema de solemnidad y, lamentablemente, otra gente sin canas que bien merecería un pollazo en la cabeza (eso lo decía, de algunas mujeres con las que se cruzó en su vida, un buen amigo mío... qué bruto! ja). 

En fin. Yo qué sé. De todo esto, lo único cierto es que empiezo a tener una cantidad interesante de canas que, paradójicamente, no sé si hacen de mí una persona "interesante" y, por supuesto, que he dado el salto definitivo a las bragas M: síntomas inequívocos de que las cosas se van poniendo en su lugar.


2 comentarios:

  1. ...somos ná..Pero te puedo asegurar y aseguro
    ( yo ya M pa L, herencia genética
    de las Delgado y a la que también le encanta
    ver las canas, esas las que da la vida...ya sabes
    en cabeza ajena )
    que todo todito todo
    está bajo... ¡nuestro!...control.
    Amen.
    Así sí...sin tilde
    :) :)

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    Respuestas
    1. Todo está bajo control.
      Me gusta. Me quedo con la idea. Gracias, Victoria.
      :)

      Amemos

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