domingo, 20 de abril de 2014

Y de nuevo, 20 de abril


Abres los ojos y ha pasado un año. 
Decides cambiar de vida y te cortas el pelo.

Abril es un mes al que antes no hacía caso, se fugaba de mis calendarios, quizás influido por Sabina y sus letras que tanto me gustaría haber escrito.

Desde hace un tiempo abril se me ha vuelto rebelde, para que no me olvide de él, para que a nadie se le ocurra robármelo. Pero lo que no sabe este abril mío, es que yo cada vez soy más combativa: me agarro a la ternura, pero con los dientes. No lo puedo explicar mejor.

Me emociono si vuelvo a los Celtas Cortos cantando al 20 de abril en un concierto en Canfranc. Piel de gallina. Recuerdo comer muesli que llevaba Jorge en la mochila y beber algo, que no recuerdo qué, que también llevaba encima. ¿Absenta? Podría ser. Y bailar. Reir. Fugazmente feliz. 

Y una cosa me lleva a la otra y mis recuerdos a otra canción, que me saca de algunos abriles de mierda y me mete en el centro de la diana de los días felices.

Dormid, pero poco. Bailad más.
A por la vida.


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