martes, 27 de mayo de 2014

Perdida


Huyo de los escaparates. Se cansa hasta la rosa de ser rosa. Las mentes que me interesan tampoco están apoyadas en la barra de un bar. Y eso que me gustan los bares, pero las mentes son otra cosa. La belleza se esconde en lugares recónditos, en espacios personales invisibles a los ojos perezosos, aquellos que no quieren ver más allá. De noche todos los gatos son pardos. Y de día, maúllan la resaca. 

Hay momentos en los que me apetece volverme anacoreta sempiterna. Alejarme de los focos, salirme de los circuitos habituales, del todo. Porque a veces yo también me aburro: me aburren las rutinas, las fórmulas magistrales, me hastían las personas vacías, las que viven en eternos escaparates, los maniquís en los que se han convertido aquellos que un día pensaron que lo sabían todo. O aquellos que no sabían mirar a los demás.

Escuadrones de maniquís. Cuidado, no pierdas el paso. Además, no quiero que me encasilles en tus clasificaciones: no, no pienso como ellos. Seguramente tampoco pienso como tú. Déjame. Quiero tener mi única libertad, la de ser yo misma. Como esa nube. 

Yo misma, aunque sea perdida. Perdidamente yo.


domingo, 25 de mayo de 2014

Amores (des)clasificados


Me pregunto cuántas veces me equivoqué en el amor.

Qué pasó con la pasión a dónde voló el compromiso o por qué la intimidad se quedó corta. Mierda.






Teoría triangular del amor de Sternberg


domingo, 18 de mayo de 2014

Ciudadano del universo


Anoche me acerqué a ver Tu voz entre otras mil, el documental que sobre Antonio Vega ha dirigido Paloma Concejero. Es la primera vez que he participado en una historia de crowdfunding o micromecenazgo. La verdad es que es un formato este que me interesa: poner algo de mí para que algo que quiero, sea.

Cuando él murió yo estaba en una situación mala, desmantelando, llena de tristeza, mi casa anterior. Eso fue un mes de mayo y en junio llegué a vivir aquí, de algún modo derrotada. Me obsesionó la noticia de su muerte.  Escribí esto, entonces: Antonio Vega ya es una estrella... Jo. Ni me acordaba hasta ahora mismo, al ponerme a escribir de nuevo. Me tocó, curiosamente, mucho.

Y es que yo nunca fui veguista, como se llaman a sí mismos los fieles seguidores de Antonio. Es más, durante años, pensé que Antonio Vega era su primo Nacho, de Nacha Pop, que era para mí cantoso y cansino, la imagen entre infantil y hedonista de la banda. Cuando se separaron, no sabía muy bien de quién era esa voz que me cautivaba, no eran tiempos de internet, en los que en una décima de segundo puedes tener una imagen de quien quieras. Y un día, por fin, uní la voz a la persona, a ese tipo que me parecía sensible, guapo, enigmático, tímido, dulce, inteligente y algo melancólico. Y fui encontrando algunas canciones que me parecen auténticas joyas, polvo de estrellas. Compositor de belleza, lejos de la pretenciosidad, navegando en un lenguaje cercano y certero, poética cotidiana. 

Anoche me gustó lo que vi, hecho desde el amor de una periodista y fan absoluta. Es una visión de cercanías, que se adentra en recovecos íntimos pero no desmonta a la persona. La mirada es de admiración pero sin caer en los absurdos del estrellato o la mitomanía. Una aproximación abierta, sin tapujos ni disimulos, a una personalidad compleja. Me pareció un desnudar a Antonio Vega desde el bienquerer. Desde luego, no es la historia de un yonki que hacía música. Y mira que se relata de un modo claro, porque clara es la alianza que hizo con la heroína, evidente el deterioro físico, la autodestrucción, la falta de cuidado y lo oscuro. Pero, más allá del caballo, está siempre en primer plano el Antonio vital, amante de la astronomía, el músico, el creador, el trabajador obsesivo de sus propias obsesiones, el pensador, también el marginal -en más de un sentido- y el emocional, el poeta. El gran consentido, dicen.

Yo estoy segura de que si lo hubiera conocido habría vivido, quién sabe si sufrido, su poder de atracción. La atracción de los astros rutilantes. Y es que Antonio Vega, con todo, tenía algo que tienen para mí algunas pocas personas, algo entre magnético, maldito y sublime, algo que, puede que inexplicablemente, engancha: heroína, era él también, de la más pura.


sábado, 17 de mayo de 2014

Espera


Abro paréntesis.
Espacio para que la vida suceda, silencio para calmar el ruido y las voces. Acallar el mundo. Dejar de hacer para que sea, cerrar los ojos y ver. Levantar el pie. Evitar que la invasión me atraviese la piel. Okupar, yo, a mí. 

Reinventaré los abrazos, haré saltar piedras planas en el río,  jugaré con el viento.
Lo importante. 

Me bajo, en la estación del tiempo ganado.





Ideario

Me da vértigo el punto muerto 
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil. 
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras 
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido, 
las señales de stop y  los pasos perdidos. 
Me agobian las medianas, 
las frases que están hechas, 
los que nunca saludan y los malos profetas. 
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo 
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu. 
Me entristecen quienes me venden clines 
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer 
y los que sólo son simples marionetas. 
Me aplasta la hermosura 
de los cuerpos perfectos, 
las sirenas que uluan en las noches de fiesta, 
los codigos de barras, 
el baile de etiquetas. 
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, 
el paso obligatorio, las tardes de domingo 
y hasta la línea recta. 
Me enervan los que no tienen dudas 
y aquellos que se aferran 
a sus ideales sobre los de cualquiera. 
Me cansa tanto tráfico 
y tanto sinsentido, 
parado frente al mar mientras que el mundo gira. 

Francisco M. Ortega Palomares

lunes, 12 de mayo de 2014

La excepción como militancia


Sólo creo absoluta y ciegamente en la excepción.

Explica lo inexplicable, da luz en la oscuridad. A ella le debo la vida, la cordura, la alegría e incluso la salud. Sin excepciones no entiendo el mundo ni a las personas, las reglas son renglones de aburrimiento, las relaciones se me empobrecen, el pensamiento adolece de dogma y las ideas se convierten en pesadas losas. La excepción me saca de todos los mapas en los que no quiero que me ubiquen.
Si tengo fe en algo, es en la excepción. 

Eso sí,  lo excepcional hay que soñarlo, mimarlo y currárselo.
Yo no dije que fuese fácil.