sábado, 27 de septiembre de 2014

Esto no se para


El mar de septiembre, casi octubre. Las mareas. Oscilaciones emocionales desde lo imperceptible hasta el orfidal. Bajar la cabeza y arrastrar la bici. Bajar la cabeza y arrastrar la bici pero levantar el brazo, los brazos, muchos brazos, hasta acabar levantando las bicis por encima de las cabezas, para luego volar.

Medir los latidos como si tuviese que volver a hacerme amiga de mi propio corazón. Y acercarme a él poco a poco, amorosa, para que dejemos de tener miedo, los dos. El mar de septiembre. La sal que cura las heridas. Poder querer. Saber cuidar. Saber estar en el lugar que se está, sea o no el que corresponde. Fluirse el otoño.

Esto no se para.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cantar en la miseria


"El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse."
Ernesto Sabato


Esta frase me ronda en los últimos días, de rato en rato se me cuela en el pensamiento. Creo que es de lo más lúcido que he leído en mucho tiempo. 

Cantar en la miseria. Potente imagen mental. Cantar en la miseria, nada menos. Eso es, entre otras muchas cosas, dignidad. No resignarse. Sonreirle a este crudo mundo también es protegerse, proteger a los demás. 

Y esta frase, curiosamente, me lleva a esta otra de Ramón Trecet, con la que terminaba cada día su programa de radio: "Buscad la belleza, es la única forma de protesta que merece la pena en este asqueroso mundo". 

Cantar en la miseria es belleza.
Y esta música, también.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Canciones tristes


En el fondo, muchas veces es difícil saber qué es mejor o peor. Todas nuestras historias tienen parte de drama y  de comedia, y en sus vericuetos buceamos todos, más o menos sensibles a los matices del argumento. Los ojos buscan, ávidos de color, pero los espejos a veces nos devuelven el blanco y negro. Y los espejos, rara vez se equivocan.

Por si en el fondo no hay nada, me quedo con canciones tristes que sé que -al final- acabarán devolviéndome la alegría.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Llaves que ya no sirven


Josey me dijo un día que cada llave que tenemos es un problema. Y yo a Josey siempre le he hecho mucho caso, pues me parece una especie de sabio. Tiene algo terapéutico, puede que en parte sea la calma que transmite. El caso es que a mí me ha hecho mucho bien tenerlo cerca, sobre todo cuando compartíamos los días (y aquellos almuerzos de Zarandia!) pero también siempre que de alguna manera lo convoco, pues siempre lo siento ahí. Un grande.

 

El caso es que he pensado muchas veces en aquello que me dijo sobre las llaves. Y es verdad que cada cosa que hay que mantener cerrada a base de candado, aquello que necesita de una llave para poder abrirse o funcionar, es un marrón. Las posesiones nos acaban poseyendo.

Estos días en los que la mudanza me ha abierto las mismas preguntas de todas las mudanzas, en los que me he cagado en la acumulación -a la que soy bastante aficionada- y en los que he vuelto a comprobar que las metáforas abundan en lo cotidiano (porque yo no sólo acumulo zarandajas materiales de las que me cuesta deshacerme, no, qué va, yo guardo conmigo muchas basurillas intangibles que mis fatigas me cuesta dejar atrás) veo, con cegadora claridad, que sería bueno para mí ser capaz de dar a cada objeto o a cada asunto una importancia relativa y de deshacerme de ellos cuando no me procurasen la alegría o ilusión suficientes. Eso es lo importante, ¿no?

Suspendo en esta materia, porque muchas veces no gestiono así mis pequeñas posesiones ni las pasiones: lo tibio, lo que ya no es, lo que ya no sirve. Mis residuos, al fin.

Mañana voy al punto limpio.