lunes, 15 de septiembre de 2014

Llaves que ya no sirven


Josey me dijo un día que cada llave que tenemos es un problema. Y yo a Josey siempre le he hecho mucho caso, pues me parece una especie de sabio. Tiene algo terapéutico, puede que en parte sea la calma que transmite. El caso es que a mí me ha hecho mucho bien tenerlo cerca, sobre todo cuando compartíamos los días (y aquellos almuerzos de Zarandia!) pero también siempre que de alguna manera lo convoco, pues siempre lo siento ahí. Un grande.

 

El caso es que he pensado muchas veces en aquello que me dijo sobre las llaves. Y es verdad que cada cosa que hay que mantener cerrada a base de candado, aquello que necesita de una llave para poder abrirse o funcionar, es un marrón. Las posesiones nos acaban poseyendo.

Estos días en los que la mudanza me ha abierto las mismas preguntas de todas las mudanzas, en los que me he cagado en la acumulación -a la que soy bastante aficionada- y en los que he vuelto a comprobar que las metáforas abundan en lo cotidiano (porque yo no sólo acumulo zarandajas materiales de las que me cuesta deshacerme, no, qué va, yo guardo conmigo muchas basurillas intangibles que mis fatigas me cuesta dejar atrás) veo, con cegadora claridad, que sería bueno para mí ser capaz de dar a cada objeto o a cada asunto una importancia relativa y de deshacerme de ellos cuando no me procurasen la alegría o ilusión suficientes. Eso es lo importante, ¿no?

Suspendo en esta materia, porque muchas veces no gestiono así mis pequeñas posesiones ni las pasiones: lo tibio, lo que ya no es, lo que ya no sirve. Mis residuos, al fin.

Mañana voy al punto limpio.



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