jueves, 30 de octubre de 2014

Lejía


La paranoia descorazona.
A veces parece como si hubiera un plan urdido a consciencia para que cayesen cadenciosamente gotas de lejía sobre el alma: corrosión fría que mantiene las llagas abiertas, dolorosas, pese al olor a desinfección.

Yo que no creo en los planes, ni siquiera en los que salen bien, no suelo caer en esta espiral, me descuelgo por otras no menos terribles, pero entiendo que cuando te invade la paranoia también debe ser imposible conservar el corazón. La lejía puede con todo.


domingo, 26 de octubre de 2014

De mentes inquietas


En ocasiones, mi mente danzarina va y viene por caminos antiguos, casi dignos de análisis arqueológico, caminos del erre que erre, de la obsesión y la recaída. Supongo que a otras mentes también les ocurre, que circulan por sendas ya poco ocurrentes o por veredas que sólo aproximan a lugares comunes, a más de lo mismo, al más puro aburrimiento existencial. Son recorridos fáciles, automatismos que se instalan en mi modo de operar en el mundo. Guías viciadas de pensamiento que dejan poco espacio a la improvisación, que no permiten planteamientos demasiado imaginativos. Una mierda, vamos.

Sin embargo, se me ilumina la mirada cuando descubro a esa propia mente mía saltando chispeante por nuevos circuitos, enérgica, consciente y creativa, abierta, caminando en un sin rumbo organizado respecto a los caos circundantes, a mi propio caos devorador. Me observo inquieta, todavía ilusionada, descubriendo nuevas formas de transitar el mundo, los mundos, desandando autopistas del horror para descalzarme en senderos tibios, de tierra húmeda. Redescubriendo, de alguna manera, la magia de las cosas. Y entonces sé que sí, que merece la pena dejarme las suelas en ello.

En ocasiones, veo monstruos.

Sin embargo, de cerca, no me dan miedo.


viernes, 24 de octubre de 2014

Lalalalaaa


Iba a escribir hoy de los infiernos que nos queman por dentro, pero en el fondo no tengo muchas ganas de arder. Por una vez, voy a ser práctica y me ahorro la disertación.

Busco paraisos en los que descansar.
Se recompensará.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Irlanda


No tengo muy claro si esta canción es muy bonita o soy yo, que estoy enamorada del amor.


martes, 14 de octubre de 2014

No apta


Desperté a las nueve y cuarto, cuando la hermana trinitaria que me había atendido al llegar la noche anterior abrió, con el brío que debe proporcionar la fe, la puerta de la habitación comunitaria.

No dijo nada, sólo abrió y cerró. La vi en mi ensoñación y reconocí a esa mujer fortaleza; di un respingo y me levanté, angustiada, pues de momento ya no había cumplido mi único compromiso. 

Mi noche había sido larga. El italiano me pareció un tipo encantador, se emocionó al contarme algunas cosas que traía consigo, en la mochila. Un tío majo, hasta que empezó a roncar. Entre mis pensamientos enredados por el inmsomnio, urdí incluso algún plan para cargármelo, con la distancia que da la certeza de que roncar no era un motivo suficiente. En la litera, debajo de mí, la australiana estuvo también mucho rato dando vueltas, y yo comprendí que era una penitencia grande andar durmiendo con alguien así día tras día. Como dice una amiga psicóloga: allá cada cual con sus perversiones.

Por lo visto, el italiano era mucho más ruidoso dormido que despierto, pues ni me enteré de su partida, de ninguno de los dos, la verdad. Así, cuando la hermaba trinitaria cerró la puerta,  fui consciente de que hacía casi una hora que yo tenía que haber salido de allí. Salté de la cama y fui tras ella, por el pasillo kilométrico de ese sacrosanto lugar, elaborando la disculpa que iba a pedirle.

En el refectorio ya no había nadie, unos dulces sobre la mesa, supuse que para mí. Llamé a la puerta por la que se había retirado mi mujer alcázar la noche anterior, cuando nos despedimos. Nada. Silencio enclaustrado. Y entonces vi la nota: " No vuelvas. No pierdas tu tiempo. No eres apta para la clausura. Buen camino".

No sé si sentí más liberación yo o la monja que llevo dentro. Desde entonces duermo todas las noches de un tirón.


domingo, 5 de octubre de 2014

Provisional


En ocasiones, lo provisional nos aterra. Es una verdad básica que necesitamos anclajes seguros para poder caminar con cierta gracia, con una -puede que ficticia- sensación de estabilidad. Sin embargo, hacerse consciente de lo transitorio de los estados es un alivio, un descubrimiento que aligera el peso que a veces le otorgamos a lo que nos sucede. Lo que hoy es losa, mañana puede ser levedad. 

Y así andamos más o menos todos, buceando despistados en el océano del tiempo, buscando ese momento efímero en el que nos creemos definitivos.


miércoles, 1 de octubre de 2014

Alegría de no vivir


Era hipocondriaco. 

A lo largo de los años había sufrido algunas dolencias reales, pero se aficionó tanto a los síntomas, que no podía despegarse de ellos. Se enamoró de la enfermedad. Tomaba catorce medicinas distintas, en todos los formatos y colores, que le ayudaban a sentirse mejor. Y, sin embargo, miraba con ojos entre la misericordia y el asco a los yonquis. Había llegado un punto en el que su vida sólo tenía sentido si estaba enfermo a diario. Tenía muy poco más de que hablar, de hecho siempre era la misma perorata: él, él y sólo él, sus dolores, sus malestares, sus mareos, su sufrimiento, la confirmación de que era él el que estaba peor, al que le dolía más, al que la enfermedad había azotado más cruelmente. 

Desde su castillo enfermo, repelía con ímpetu los envites de quien tratase siquiera de rozarle las murallas: no escuchaba a nadie que no asintiese resignado a sus lamentaciones. En su obcecación, se alejaba cada vez más de la posibilidad de estar sano, de sentirse bien. Esa defensa férrea de su patológico dominio era lo mismo que una muerte lenta y tediosa, una aniquilación de lo que había de vivo en si mismo.

Y sin embargo, era feliz.
 Los caminos, que son inescrutables.