domingo, 26 de octubre de 2014

De mentes inquietas


En ocasiones, mi mente danzarina va y viene por caminos antiguos, casi dignos de análisis arqueológico, caminos del erre que erre, de la obsesión y la recaída. Supongo que a otras mentes también les ocurre, que circulan por sendas ya poco ocurrentes o por veredas que sólo aproximan a lugares comunes, a más de lo mismo, al más puro aburrimiento existencial. Son recorridos fáciles, automatismos que se instalan en mi modo de operar en el mundo. Guías viciadas de pensamiento que dejan poco espacio a la improvisación, que no permiten planteamientos demasiado imaginativos. Una mierda, vamos.

Sin embargo, se me ilumina la mirada cuando descubro a esa propia mente mía saltando chispeante por nuevos circuitos, enérgica, consciente y creativa, abierta, caminando en un sin rumbo organizado respecto a los caos circundantes, a mi propio caos devorador. Me observo inquieta, todavía ilusionada, descubriendo nuevas formas de transitar el mundo, los mundos, desandando autopistas del horror para descalzarme en senderos tibios, de tierra húmeda. Redescubriendo, de alguna manera, la magia de las cosas. Y entonces sé que sí, que merece la pena dejarme las suelas en ello.

En ocasiones, veo monstruos.

Sin embargo, de cerca, no me dan miedo.


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