lunes, 9 de noviembre de 2015

Despierta


El tiempo de este blog ya pasó. Empecé estos sueños y despertares en un momento muy especial para mí, instalada en el centro de un sueño dulce, pero sueño al fin y al cabo. El despertar ha sido largo. Será porque muchas veces duermo mal y el instante de abrir los ojos se me hace cuesta arriba, y no quiero. O porque soy mujer de largas travesías y me enredo, al fin, en asuntos inexplicables. Quizás esa sea una de mis buenas razones para entretenerme escribiendo: explicarme lo que no se puede explicar.

Para mí es muy importante la fuerza de lo simbólico. Por eso este adiós. Me voy a otro lugar; me resulta imprescindible crear espacios nuevos para que la vida suceda, abandonar inercias que acaban pesando.

Despierto con la misma música con la que empezó esta historia, preciosa, aunque con distinta emoción. Nunca sabemos lo que va a suceder. Adelante.





Borrón y cuenta nueva


Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el  bolsillo del pantalón. Quiso morir aunque, como suele ocurrir en ocasiones así, no lo consiguió. Pero tampoco pudo descifrar esas hojas emborronadas que iban a cambiarle la vida. Pasó toda la noche dando patadas a la lavadora.


martes, 3 de noviembre de 2015

Ventanas


El puñetero ojo de la cerradura fue su ventana al mundo. Ahora que por fin vomitaba traumas, le volvían imágenes en gris de los días en los que observaba la cocina de sus abuelos a través de ese asqueroso ojo de cerradura. Quería llorar, por la mediocridad de aquellos adultos extraños que le negaron ser un niño, pero cogió firme el bolígrafo que le tendían y firmó la venta de la casa, su herencia familiar, decidido a buscar otras ventanas que le mostrasen otros mundos.


fotografía de Vlad Artazov

domingo, 1 de noviembre de 2015

Retal


No habrá llave que conduzca a tu lugar en el mundo.
No habrá paz, ni guerra.
Sólo lucha.

Y seguirás perdida.
De pie, ojos abiertos, manos esperanzadas.
Corazón valiente en cuerpo miedoso, señalado por mil batallas.
Amazona amable.

No habrá vencedores ni vencidos.
Sólo nosotros.

Cada vez más luz, más cielo, más infinito.
Cada vez más tú.

La intuición de estar perdida es, a veces, 
de una textura tan cierta 
que duele entre los dedos.


  
Crecida, por Ada Red



viernes, 23 de octubre de 2015

El ahora difícil


Leo hoy algo sobre la sociedad positiva de Byung-Chul Han que habla -entre otras cosas- de un mundo donde todo se expone y, por necesidades de ese mercado de la imagen expuesta, todo es artificial y luminoso para aparentar siempre lo mejor. La victoria siempre vende. Y no está la cosa como para perdedores. En esa sociedad positiva de la que habla, los seres humanos nos exponemos para ser vistos, para existir.

Esto va aparejado a una idealización extrema, a una cultura del retoque, del selfie guapo y de la relación que ni es relación, cuando sólo se ampara en una media distancia irreal, en los "me gusta", los retuiteos y la homogeneización favorecida por el postureo aséptico. No paro de pensar que gracias a todo este mercadeo de las redes (a las cuales también puedo reconocer algunas buenas cualidades), estamos construyendo sociedades algo vacías, sobre todo desde el punto de vista de las relaciones y los afectos. Es un engaño interesante, una impostura relacional, que se aprovecha del poco tiempo que guardamos en esta vida rápida para relacionarnos con los demás por el simple placer que proporciona ese acompañarse mutuo. También se alimenta esta impostura de lo arduo que tantas veces resulta el estar cerca de los otros. 

Los escaparates son muchos, grandes y atractivos, pero sólo muestran una pequeña parte de lo que hay, lo que todos podemos ver. Entretenimiento. Porque la vida discurre por otros lugares más naturales, menos preparados para la exposición: por las palabras que decimos mirando a los ojos, por  los espacios que creamos sin trampa ni cartón, por las ideas genuinas que somos capaces de elaborar, por los dolores y soledades, por los abrazos sentidos, por tener en cuenta al otro y no sólo a sus publicaciones, por escuchar, respetar y, sobre todo, por compartir tiempo de calidad. No paro de pensar, también, en  los niños; me obsesiona la idea de lo difícil que es este mundo para los pequeños que están llegando en un ahora donde los modelos de relación dejan tan poco espacio para el contacto. Qué cosas. 

En mi día a día, me parece ciertamente significativo el número de niños que llegan a tratamiento por dificultades en la relación con el otro, con el entorno, ese espectro autista que hace unos años era para mí una auténtica rareza, como la celiaquía y alguna otra enfermedad-etiqueta que ahora cuenta con legiones de etiquetados. Cada vez conozco y trabajo con más niños que no están en la relación, a los que les cuesta el mundo y sus circuitos de una manera especial. Y pienso en que ese mundo puede ser un constructo bien hostil, que es difícil estar abierto al otro en este momento y que realmente a veces es difícil saber quién es el otro y dónde está, más allá de las redes sociales, la virtualidad o los distintos expositores donde cuanto más te muestras, en realidad más te escondes. Me preocupa lo difícil que estamos haciendo todo esto y lo complicado que se lo estamos poniendo  -hablo como sociedad- a quienes vienen detrás, dejando gran parte de nuestro tiempo y nuestros ojos en pantallas de dispositivos con los que fantaseamos cercanías a la vez que nos vamos alejando, mientras ellos crecen sin saber dónde mirar.





domingo, 4 de octubre de 2015

Primeros fríos



                                                                                                                                                                        Amor, de Alexander Milov                                    

Todavía hay noches de otoño en las que me enredo contigo
como si aún estuviésemos a tiempo
aunque lo cierto es que no sé a tiempo de qué.

Quizás solamente de seguir siendo niños. 



martes, 29 de septiembre de 2015

Loreak


Guardo agendas desde hace muchos años. No recuerdo cuándo pero yo creo que con menos de veinte ya empecé a usarlas (puede que me llegaran con la universidad), y no porque entonces tuviese mala memoria sino porque había -y hay- agendas que me gustan mucho y vienen de distintos colectivos que sacan un dinerillo con esto y a mí me ayudan a organizarme la vida y me permiten registrar lo reseñable de los días.

No niego que me da cosilla recorrer algunas veces mis anotaciones de ese tiempo pasado, sobre todo cuando leo algo que entonces me era tan importante y ahora ni recuerdo. El tiempo tiene ese punto de limpieza y desinfección.

El caso es que hoy he leído que la película vasca Loreak va a los Oscar como candidata a mejor película extranjera. Hace un rato he buscado en mi agenda del año pasado y ahí está. El viernes 31 de octubre anoté: "Voy a Loreak a llorar". Nunca antes lo había hecho y puede que suene muy depresivo, pero para mí fue una experiencia hermosa. Estaba triste y no podía llorar. Recorrí la cartelera buscando un drama a mi medida, algo que intuyese que me podría mover algo por dentro, y me encontré con ella. La verdad es que me conmovió mucho y pude llorar un poco. Es de esas películas que muestran la vida desnuda, sencilla, sin artificio, lo que es. Se dirigió certera a mi corazón como todo lo que me llega sin maquillaje y con humildad. Tan delicada como elegante, esta Loreak que me llenó de emoción.

Entré al cine buscando poder soltar alguna lágrima que me ardía dentro y salí desolada, pero tocada de alguna manera difícil de explicar por el aroma de esas flores raras y su belleza rotunda. La vida se escribe de muchas maneras.

Toda la suerte del mundo.







martes, 22 de septiembre de 2015

Adentro



Siento mis frentes abiertos como las venas de los suicidas. Hay algo de mí que no para de sangrar, de sufrir a borbotones porque no entiende. Soy lo que me cuento. También soy el insomnio que se me engancha en las sábanas y me seduce con su desvelo extraño. Los sueños que no tengo ahora, los días con poca sal. No hay tregua. Descanso poco porque me urge la vida de un modo inexplicable. Me veo practicando la exigencia como si tuviese una pequeña dictadora que me susurrase al oído los discursos, como una masoca extraviada en su propio delirio. Es raro. Joder. Y soy también ese adentro de arterias que manan, buscando el camino para cada pálpito. Tinta roja lista para escribir.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Bajo presión



Si de verdad fuese el último baile, hoy me quedo con este.
Qué ganas de concierto. OMG.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Tiempo de flow


Se impone como necesidad mejorar el flow, ese concepto de Mihály Csíkszentmihályi en el que me he detenido un poco a divagar.  Hay mil y una maneras de estar fuera de juego, esa es la verdad, pero también es cierto que la experiencia de fluir, cuando sucede -aún fugaz-, permite una intuición muy especial de la seguridad y la confianza en la vida. Reconozco que personalmente me cuesta muchas veces deslizarme en ese lugar, entre la activación y el control, en ese espacio íntimo de felicidad para la que no hacen falta grandes alharacas. El desafío es situarse cada vez más en ese punto invisible, en una especie de toma de consciencia amable y centrada -opuesta a la ansiedad paralizante-, en el bienestar genuino que proporciona el flujo.

Todo funciona mal, ya no tengo ninguna duda sobre esa afirmación que antes me provocaba tanta extrañeza. Los distractores son muchos, puede que cada vez más, y las mochilas son grandes pero la capacidad está ahí, intacta. Soy optimista. Creo en el trabajo activo más que en la queja constante , en la consciencia más que en la inercia y en que el camino traerá algo de lo que necesitamos para aprender, cada vez con más energía, a fluir en nuestra soledad pero también los unos con los otros. Poco a poco. Es tiempo de mucha miseria, lo sé, pero también lo es de flow.





domingo, 23 de agosto de 2015

Como atada


Madero en deriva. Libertades. Todo prisionero, de sí mismo extrae verdades. La verdad no existe. Somos algunas razones. Futuro que persiste en dejarnos como atados. La libertad no existe. Historia cotidiana. Una ventana. Mañana. Veleta nueva. Siempre los caminos son pocos para escogerse y largos para seguirse. Piedra sobre piedra. Actuamos como mortales y pensamos como flores. En medio de lo triste, lo sensible se renueva.





viernes, 21 de agosto de 2015

Flores en el hormigón


                                                                                                                        Tempelhof airport, Berlín


De un viaje, queda también lo que no se ve. Los viajes que se construyen dentro de un viaje son territorio para la memoria de las emociones, caminos que conducen a lugares de belleza donde reposar el cansancio acumulado en ruta, pero también a precipicios sobre mares insondables, a la sensación de pequeñez, de vulnerabilidad, de sensibilidad extrema e incluso cruel. No hay foto que recree esa intensidad tan genuina. No existe mecanismo que inmortalice el viaje dentro del viaje, para que se pueda siquiera intuir desde el exterior. 

Viajar es concentrar la vida, elegir qué es tan importante como para meterlo en nuestra mochila y ponerse en juego con el mundo de un modo decidido. Estar en movimiento implica poder mirarlo todo desde ángulos distintos, una capacidad rara de libre observación. La incertidumbre de lo que va a pasar cuando todo es distinto, el enredo de los sentimientos en ese paréntesis a la vida o las distintas sensibilidades que se rozan aunque sea de una forma fugaz son hallazgos incontestables de los inquietos. 

A veces sólo las pequeñas cosas pueden explicar porqué llegamos tan lejos. 
Palabras en los muros, flores en el hormigón.






viernes, 7 de agosto de 2015

Serán las cejas


La imagen es un trolebús que llega a toda velocidad en sentido contrario. Yo soy muy pequeña, relativamente insignificante, o al menos así me parece. Justo antes del choque, abro los ojos, extiendo los brazos hacia adelante y me salvo. No sé decir qué ocurre, pero me salvo.

Ahora me pregunto si en realidad el tiempo viene cumpliendo las normas, circulando por su carril... y soy yo quien lleva toda una vida en plan kamikaze, luchando contra mi propia biografía, como aquellas chicas de pueblo que llegaban a Barcelona a criar niños ajenos y soñar con horizontes más amplios que la era. El error tiene que ver con la expectativa, pues es innegable que el paisaje siempre es más ancho en la era que en plena Diagonal, pero el deseo ilumina incluso los rincones más oscuros.

Cumplir años es una suerte, hacerlo con gracia un don que yo fantaseo tener. Los días que pasan no son vacuna contra los naufragios, pero tampoco anestesia que impida soñar. Todo se mueve y todo me mueve. Llega un momento que ni siquiera era tan importante si el que estaba equivocado de rumbo era el trolebús o yo, si al final, una vez aquí, sabemos de sobras que vamos a ser capaces de arreglárnoslas entre nosotros, mis días conmigo.

Quizás no estoy inspirada para contarlo mejor pero ando dando vueltas a este asunto y creo que no me equivoco: en realidad, lo que hace parecer más joven es no depilarse las cejas. Mirad alrededor y ya me contaréis. Doctrina.





lunes, 27 de julio de 2015

Plenilunio


Llega la última luna llena de mi año.
Sólo deseo subirme muy alto y mirar las estrellas. Cielo, suelo y yo.
Que la luz de la luna haga que a mis ojos este juego les parezca más sencillo. Conectar con lo que hay, con esa energía rara y potente que puede todo, la que deja la piel como después de las caricias, abierta a lo bello que en tantas ocasiones es vivir.






jueves, 9 de julio de 2015

Agarres


Que no me falten aguas turbias que cruzar ni manos tendidas a las que agarrarme.
Que no me falten canciones directas al corazón.
Que no me falten las ganas.
Que no.
Que no me faltan.


martes, 7 de julio de 2015

Vida empuja


Bajó del avión con esa presión en la garganta que le recordaba que, tarde o temprano, tendría que volver. A decir lo no dicho, a vomitar aquella indigestión que tenían a medias. Vino aquí deslumbrado por el espejismo de que la novedad le salvase. Nunca había salido de su ciudad, le hacían gracia esos colegas de culo inquieto que siempre se estaban yendo, seguro de su lugar en el mundo. Pero a veces pasan cosas, no grandes ni pequeñas, sólo cosas que nos dinamitan el universo construido. Aquello le pareció demasiado como para soltárselo así, a ella, ahora que estaba tan afectada por los problemas del curro y la enfermedad de su madre, también por las rabietas continuas de Adrián y sus dos años y medio. Y no era que nadie se hubiese colado por las fisuras de su relación, eso sería mucho más fácil. Era una liberación, quién sabe si también una tragedia. Y todavía seguía ese nudo en la garganta, mientras enseñaba el pasaporte en el control. Le gustaría poder decirle a ese tipo de uniforme que tenía miedo, que tenía miedo pero no iba a volver, que tenía miedo pero no iba a volver nunca más. Y gritárselo: NUNCA MÁS.


miércoles, 1 de julio de 2015

En paz


Pensar es una de las ocupaciones menos valoradas en este mundo de acción y escaparate. La gente que piensa mucho lo pasa peor, esa es una realidad, pero tampoco creo que la panacea sea pasar los días haciendo el gilipollas. A veces envidio a estas personas que se definen en una o pocas palabras, eso debe proporcionar un lugar seguro desde donde divagar, un alivio relativo para el malestar que provocan los matices de las cosas, los claroscuros de cualquier identidad. 

Opto por seguir siendo suave pero, de alguna manera, estoy más armada. Pocas cosas me parecen importantes, pero esas lo son mucho para mí. Y aún con esa certeza, me enredo en milongas que me roban el brillo, algo que me empieza verdaderamente a molestar... Por otro lado dejo un margen amplio entre los otros y yo, una cuestión de confianza en que tampoco hace falta tanta completud para convivir sólo un poco. No quiero grandes guerras, quiero que me dejen en paz. Tampoco es que sea fácil vivir de este modo, en el filo de las ideas, comprendiendo cómo las sombras se proyectan a uno u otro lado según se dirija la luz. 

Pensar, pero que no duela tanto. Pensar para no caer en las mismas trampas una y otra vez. Yo sé que merece la pena, pero desearía a veces poder mirar al techo sin más pretensión. 


domingo, 21 de junio de 2015

Rendija


Yo también me estoy inventando planes para escapar hacia adelante. Dirijo hacia parajes más amables mi exceso de imaginación. Acallar monstruos, sembrar sueños. Y sé que no estoy sola. Con esta certidumbre mi domingo, que barruntaba resacas, se llena de luz. 

Escapar sin escapar.





martes, 16 de junio de 2015

Silente


Intuyo las palabras como maderas con las que construirse, pero hoy traigo su ausencia. Cobija el silencio como trinchera, defensa contra la voracidad del mundo, de los otros, de mi misma, de la vanidad, al fin, que arrasa con todo.

Tomar la decisión de callar es también un acto de resistencia, de digna rebeldía. Quién sabe si en ese silencio íntimo descansa la esencia de lo que somos, quizá en lo que no se dice se refugie un pedazo de alma. 




miércoles, 10 de junio de 2015

Rotura


Dinamitaré la ciudad para que no haya dudas
quemaré los escritos
arrasaré las flores
borraré las pisadas
castigaré a las personas cara a la pared.

Y cuando me aleje, para que no haya dudas
diré que todo fue una locura
aunque lo dude.

sábado, 16 de mayo de 2015

Mambo


A veces hay que ser un poco actriz y hacer como que te lo crees, desde el más profundo escepticismo, incluso. Quizás en eso consista asistir a lo que sucede, al encaje de los acontecimientos: cerrar los ojos, aflojar el cuerpo y ser un poco ciega, un poco sorda, un poco insensible, al fin. No sé si pienso esto por lo que me pasa o por lo que no, o si es por la idea que tengo de lo que es bailar la vida,  una de mis imágenes potentes en estos días curiosos.

Al final, elijo canciones para no caer en la anestesia, para seguir ahí, donde ni siquiera sé si es cerca o lejos, dentro o fuera, impulso o regazo. Música para calmar a la leona, que sabe bien cómo moverse en cada escenario: a esa que creo que tampoco soy yo. O sí, un poco. 




domingo, 3 de mayo de 2015

Reset

Puesto que a mi portátil le ha dado por resucitar más de un año después de morir a lo grande, humeando y todo, es evidente que la magia existe. Y estoy convencida de que es mucho más habitual de lo que los aburridos piensan. 

Hoy he vuelto, gracias a algún hechizo, a conducir confiada por la loca Sicilia, a llorar aquellas emociones atascadas por Nicol, por Juan, por todo, por mí,  girando y girando como peonzas, ebrios abrazados en la plaza del Louvre y también a aquel otoño dulce de Vicenza. Si me concentrase un poco podría notar la textura de la pasta de pizza casera de las Saras o el olor del spritz del Bar Astra o el sabor de la birra Moretti. 

La magia mueve lo que las inercias se empeñan en paralizar. No he salido de casa y estoy exhausta de tanto paisaje en la retina, de tanto recuerdo posado en los sentidos.

Por fin empiezo a sentirme libre de nuevo. Libre de recomenzar, lo que sea. Sólo adivinar la sensación de tener un horizonte ancho delante de los ojos me devuelve algo de mi alegría, esa que últimamente echo de menos.





sábado, 2 de mayo de 2015

Pie de guerra

Ayer no fue un buen día. O sí.

Resisto como puedo los envites de los últimos meses, pero a veces me hundo un poco. Creo ahora que -de alguna manera y extrañamente- después de Cuba, todo ha sido naufragar. Naufragios relativos, de esos a los que todavía se les pueden poner palabras.

"Para que te acuerdes de Cuba", por un cubano                                                

No es que antes fuera calma chicha, eso nunca, por favor, pero los días se me pusieron tiesos y pasan tantas cosas que me tocan tanto que hago esfuerzos titánicos por mantener la dulzura y no ponerme a fabricar bombas molotov. 

El caso es que ayer mi cuerpo paró, dijo basta. Y me vino bien. Entre fiebres y dolores pude leerme entero Tierras de cristal. Me gustó mucho aunque creo que no capté todos sus entresijos, y es que lo leí entre ensoñaciones varias y vaivenes producidos por el paracetamol, pero el desvarío tan poético de Baricco se presta a perderse un poco. Hoy que ya me da una tregua lo terrenal, los asuntos de la materia corpórea, es mi mente la que descansa. He tenido una tarde de sosegada felicidad, aprovechando incluso los pocos rayos de sol que alcanzan a entrar por mi balcón. Organizar mis cosas, dar un cierto orden a mi caos, escribir cartas manuscritas, recibir un "te quiero" certero vía wasap de mi tía Marga, a quien echo de menos, colgar en mis paredes fotos de personas que me hacen sentir acompañada en el viaje: placeres casi olvidados en esta vida de tanta prisa y descuido. Me siento mejor. No he leído ningún periódico ni sé lo que sucede en las calles, excepto un par de charangas que se han atrevido a mezclarse con mi música, y es que la gente celebra que se casa como si fuera una buena noticia, y no sólo para ellos -que ya es ser optimista- sino para todo el barrio. Quizás sea por esa ausencia de titulares o por el día luminoso o porque no tengo fiebre ni me duele el cuerpo o porque por fin estoy poniendo algunos asuntos en el lugar que les corresponde pero el mundo me parece, en este preciso momento, un lugar más amable. A ver cómo acaba la jornada. Malo será.





miércoles, 29 de abril de 2015

A tumba abierta


Lo que no sabía aquella primera vez era que sus pequeños pies empujaban ya algo parecido a la libertad. Sólo pensaba entonces en aguantar el equilibrio y desafiar la gravedad, sin siquiera conocer los movimientos precisos, apenas intuyendo la pedalada bajo la atenta mirada de sus padres.

Aquella niña no sabía cómo ni sabía por qué pero también era una mujer, ávida de pedalear el mundo: una ciclista salvaje.

Alfonsina empezó en ese preciso instante, en el filo entre dos siglos, a deslizarse por su biografía a tumba abierta, sacándole la lengua al futuro que los otros esperaban para ella.





martes, 21 de abril de 2015

¿Por qué Ada?


Me siento lastrada. Y me siento un poco también como esa Ada McGrath con la que tanto me identifiqué, en la que todavía me veo cuando busco dentro del mar. Big my secret. Pero el mar, caprichoso, se me antoja más rojo que nunca. Rojo sangre. Pesa mi primavera.


lunes, 13 de abril de 2015

Entre dos aleteos


Hoy echo de menos El libro de los abrazos. Lo he rebuscado en mi estantería pero no está. Andará en algún lugar, entre dos instantes, donde debieron quedar algunas cosas que fueron muy significativas para mí pero de las que, sin darme cuenta, me he ido desprendiendo: la discografía de Albert Pla, la acuarela de María, el libro de Emilio o el espejo de Ama. ¿Dónde estará lo que ya no tengo?

Duele cuando nos faltan abrazos así como lo hacen las despedidas, aunque sean casi meramente simbólicas. Todos somos un poco huérfanos.

Por si hay algo que celebrar, hoy he cenado con vino.

Vuela alto.



domingo, 12 de abril de 2015

Radical


Vivir una historia de amor de veinte años es -en estos momentos- revolucionario. 

Este pensamiento que hago mío, aunque en realidad escuché a otro, me sirve de pegamento a estos días, o a lo que a mí me queda de ellos: personas de hace más de veinte años que te hacen sentir un tesoro, y al revés; rincones que devuelven recuerdos, lugares que nunca se fueron de mi vida, mentes abiertas, la inteligencia de la humildad, música en directo, los capazos míticos, verbos necesarios, personajes singulares, influencias, palabras, ojos grandes o que parecen grandes, por la avidez, confesiones que emocionan, resacas, mis hermanos, tender la mano, la tranquilidad de los que sabes que de verdad están, reír con Marianillo de mi también mítica candidez, agua, recordar beber mucha agua, compartir, admirar al otro, soñar despierta, Huesqueta y el amor-odio que me provocan los lugares cuando se me hacen pequeños, y me asfixian... pero a la vez lo son tanto, que permiten una calidad de relación difícil de encontrar en el ancho mundo. Pensamientos que van rápido, cerebros que funcionan a otra velocidad; tender puentes, sanación. El exceso de los defectos. Lo posible y real frente a lo difícil e improbable. 

Soy radical en mis amores, creo que siempre fui así; sostengo que no se puede querer a fondo sin una voluntad firme, querer por descuido o cobardía, como tampoco creo que se pueda construir a machetazos: mejor dame susurros. Me siento afortunada, cada vez más, por saber conservar unos cuantos de esos amores, en plena forma, incluso más de dos décadas después. Me pesan las alas a veces, cómo no, pero la sensación se aligera con la sorpresa que me sigue produciendo ese sumar personas y tiempo a mi relato. 

Creo en los amores diversos.
Y, sin duda, creo en la revolución.



Los mejores sueños los tengo despierta, 
y alguno seguro que lo tuve en el callejón del Arkanos.











miércoles, 25 de marzo de 2015

Fuerzas (que se han vuelto a desatar)


En  la ciudad de las siete plagas todo parece conspirar contra la serenidad: la lluvia, el cierzo, las noticias, el tráfico, no encontrarte, el ruido, la precipitación. En la ciudad de las siete plagas, trepo por este pesticida-rayo-de-sol que me regala la tarde. Y canto. Como un batracio.


Quiero tener el valor de volar.


lunes, 23 de marzo de 2015

Una vida sencilla, en Huesca


Una vida sencilla es un largometraje de la realizadora Tao Jie, de Hong Kong, que pude ver el sábado. La realidad es honesta siempre, cuando se cuenta bien. Cuando no se engaña ni se miente ni se dice lo uno por lo otro. Lo difícil de la realidad es que a veces no estamos preparados. Pero el relato cinematográfico, que nos proporciona una distancia de relativa asepsia, puede hablarnos de un drama poniendo el foco en lo mejor de nosotros mismos -que también es real- desde lo cotidiano, sin la estridencia de la mayoría de las producciones que buscan el éxito basado en la cantidad.

Se dice poeta fue mi regalo final, porque ya no podía quedarme a más. Voces de mujeres que hablan de palabras, de lo que para ellas es ser poeta y de por qué escriben, entre otras cosas. Sofía Castañón ha sabido hacer un documento hermoso, lleno –sin duda- de poesía. Lo recomiendo.

Volver a pasear por Huesca es un placer. Es ésta una ciudad curiosa: llueve y apenas encuentro a nadie en las calles; sin embargo, en un sábado aparentemente insulso para empezar la primavera, más de 250 personas esperan para ver una película de la que probablemente casi ninguna haya oído hablar. Una rareza. O la vida sencilla. Eso también es Huesca.

Ayer se clausuraba la XV Muestra de Cine realizado por Mujeres en esta sede. Desde la calidez de mi butaca de espectadora expectante, difuminada en la belleza de un lugar como ese teatro Olimpia -al que echo de menos-, me ha resultado emocionante observar el recorrido de una cita a la que hace unos cuantos años se acercaban cuatro y que a día de hoy convoca y mantiene una calidad y una coherencia envidiables.

Ellas siguen la fiesta en Boltaña, el fin de semana que viene, y ya venían de los Monegros, donde levantaron el telón el pasado viernes 13. Y es que Huesca también es su Colectivo de Mujeres Feministas, mujeres que hacen posible que en este rincón del mundo podamos acceder a lujos asiáticos como esta muestra. Y también son este pueblo-ciudad las personas a las que me agrada seguir encontrando entre el público, gente necesaria que con su inquietud fueron y son capaces de poner en el mapa de la cultura a una ciudad de provincias tan pequeñita como sorprendente. Gracias.





lunes, 16 de marzo de 2015

Ocular


Me siento tantas veces como una observadora, como una lupa o microscopio que no da crédito a lo que ve por difícil, hermoso, único y raro, por injusto, especial o lamentable. A menudo me gustaría poder mirar más de lejos, tomando una distancia que me dejase a salvo del remojón. Pero sé que no soy así, que soy de otra manera. Y que tengo los ojos abiertos, quién sabe si demasiado, y que el mundo se me antoja un lugar tan torcido que quizás por todo eso me cueste a  veces hacer pie. Es otra de esas cosas que no puedo explicar mejor. Nada es bueno ni tampoco malo. Ya sabéis.



                                                                                                   foto: José Luis Somada Broto

jueves, 26 de febrero de 2015

De corazones rotos


Descubrirás que nadie ha podido romperte el corazón, porque tu corazón se rompió hace tiempo. Puede que incluso antes de nacer ya se adivinase la fractura. Descubrirás también que terminó por estallar en la ausencia, en la orfandad, en la soledad estéril de las muertes. Que quizás por eso escribes, para completar con palabras lo que no está o lo que nunca estuvo, las historias que viviste sin vivir, aquello que tu madre no llegó a contarte. Puede que también sea un esfuerzo por crear tu lugar en el mundo, ese espacio amable donde construir tu casa, tu casa de palabras, de presencias, de despertares al lado de quienes quieren cuidarse contigo. Intuirás que ya no te queda tiempo para los que rompen corazones.

Todo eso te llegará de buena mañana, cuando el sol se empiece a colar entre las lamas de tu persiana, sin que sepas nunca si vino de un sueño o del suelo que pisas cada día. Pero en ese momento, comprenderás que así es. Y no sabrás si es más triste o hermoso, pero tendrás un instante de lucidez en el que reconocerás que algo de todo eso eres tú.


domingo, 22 de febrero de 2015

Agridulce caos


Las horas bajas hincan el diente en las vísceras, reabriendo heridas de las que todavía la sangre, libre, puede brotar. En las horas bajas es necesario hacer un ejercicio grande de imaginación, para inventarse mundos y abrigar aún la esperanza de no dejarse arrastrar por la indolencia.

Son días tristes pese a la alegría, o simplemente al revés. Nunca sé qué pesa más. Sólo tengo la certeza de que, entre los claroscuros, la mirada se dirige al cielo y se impone la necesidad de seguir subiendo. Y montar los campos de altura, como escaladores experimentados de nuestra propia biografía. Abrir los ojos ante la gélida belleza de lo insólito, con la serenidad rara que proporciona la falta de oxígeno.

Cuando la tiranía de las horas bajas acecha, me acomodo entre mis lugares comunes, los que llevo siempre en mi equipaje: la excepción, ese soñar y no soñar al mismo tiempo en que tanto creo, cantar en la miseria, la belleza como protesta, dejarse abrazar por quien te quiere bien. Poco más. Sólo algunas veces, dar un puñetazo en la mesa y decir que basta ya. Que no.


Y todas las bandas sonoras se pueden bailar.
Que la vida, de verdad, es un carnaval.


 

domingo, 15 de febrero de 2015

Zurda


Escribir sobre viejas hojas recicladas. Repensar lo que pasó o lo que no pasó o lo que volverá a pasar, en el eterno retorno en el que estamos atrapados, tú, yo y los demás.
A veces es divertido y otras quema como una hoguera, pero siempre es extraño.


jueves, 5 de febrero de 2015

Intemporal


A veces siento como si el calendario también me hubiera dado esquinazo, para bien y para mal, como si lo circular del reloj me tuviese atrapada en un compás eterno e imparable que no es cárcel ni liberación. Necesito parar, abandonar mis propios días para ser eterna por un momento. Olvidarlo todo y armarme de ideas nuevas para poder trascender esta época en la que es difícil para mí incluso saber qué es lo importante. 
Y a ti: ¿qué te importa a ti?


lunes, 2 de febrero de 2015

Rigores


Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. Pronto empecé a notar cómo el frío se instalaba en todos mis huesos y una sonrisilla lo hacía en los labios. Me entró tal paranoia pensando que eso debía ser el inicio del rigor mortis que empecé a gritar como un poseso, sin saber si estaba en el mundo de los vivos o de los muertos. 

Al primero que vi cuando levantaron la tapa fue a mi principal cómplice en aquella aventura, Adrián, seguido por mi padre, ya con la correa en la mano. 

Allí acabó mi niñez, cuando descubrí que es el rigor de los vivos el más peligroso.


jueves, 29 de enero de 2015

Pequeño lío para hablar de los ojos de Diego


No me sirve ningún modelo, teoría ni doctrina. Estoy en mi punto más alto de descreimiento, tal es mi desencanto respecto a lo que se considera normal, supuestamente válido o general. Digo hace tiempo que sólo creo en la excepción, y eso me salva personalmente del naufragio absoluto. Cada vez me muevo más cómoda con esta compañía y me identifico menos con etiquetas, convenciones o estereotipos. Entre mis amarres a la vida está la certeza de que existen criaturas excepcionales, gestos sencillos llenos de heroicidad, noticias que despiertan alegría, personas que de verdad intentan que el mundo sea un lugar mejor, risas que se cuelan entre algún llanto amargo, palabras que curan y amores profundos, en medio del estrépito de un modus vivendi superficial.

Luego están todas las dificultades que hacen que las excepciones nos resulten utópicas: los desencantos individuales o colectivos, las mochilas que cargamos, las actitudes que no queremos cambiar porque en el fondo estamos cómodos, el miedo, las malas rachas, los traumas, el desengaño social o político o cultural, las ataduras mentales que nos bloquean e incluso la corrosiva desilusión.

Quizás andamos en un mundo sálvese quién pueda, pero siempre queda alguna mano a la que agarrarse, pues salvarse solo es un absurdo: ¿para qué? Puede que nuestra época sea cruda, pero convertirla en mezquina es ya una opción personal. Dicen que somos depredadores, no sé, se dicen tantas cosas que una ya no sabe qué creer. Contra lo que los demás dicen, está lo que una piensa. Y ahí reside el interés de tanto trabajo personal. Escuchar para pensar, pensar para saber. ¿Y si somos depredadores, como dicen? Bueno, vale, pero tenemos capacidades para sobreponernos a la necesidad de dominar, de poseer, de dañar, de extorsionar al otro.

Mi hermano Mario nos recordaba el otro día algo que decía nuestra madre cuando éramos unos críos: "el saber es lo único que no os podrán quitar". Es una frase que me ronda ahora. Las únicas cosas que de verdad sé tienen poco que ver con lo que está en los libros: me apasiona aprender, pero olvido mucho, quizás porque mi mente inquieta está siempre en demasiados lugares y no acaba de prestar atención a lo concreto. No suelo recordar la decoración de una casa de la que acabo de salir, por ejemplo, pero me quedo con una impresión habitualmente potente de la emoción que yo creo que predominaba en las personas que estaban en ella. Cosas así. O no consigo acordarme del final de libros o pelis que me han impactado, pero sí de conversaciones de barra de bar absolutamente banales. El detalle, lo pequeño, lo raro, lo que no se ve. Aprendo por ósmosis, por cercanía, por empatía o porque algo me resulta delicado y especial. Me fascina la poesía de las cosas cotidianas y me la apropio, si se deja.  

Una vez llegada a la poesía, vuelvo también a la excepción. Y sé que a veces suceden cosas singulares, que me explican el mundo. Los ojos de Diego: esta mañana, mientras yo movilizaba sus brazos paralizados, han coincidido nuestros ojos en un momento hermoso y efímero. La conexión con Diego, con su mirada, con mis movimientos que también hago suyos para tratar de mediar con su cuerpo, de recordarle que una vez podía hacerlos él. Dar y recibir. El porqué de mi necesidad de trabajar con las personas, de acompañar a los otros, de intentar ayudarles en algo, cuando sé que ayudar es realmente difícil. Sin embargo, los ojos de Diego, cuando se fijan en mí mientras estiro sus músculos, atestiguan que al menos una pequeña porción de lo que hago tiene sentido. Allí he encontrado un instante de  paz, puede que incluso de sabiduría, algo que estoy convencida que no explica ningún manual. No lo puedo contar de una forma más clara, pero algo de lo que yo sé ha chispeado con algo de lo que sabe él, acercándonos en un punto mágico, de sanación mutua. Yo no sé si mi madre también se refería a estas cosas cuando hablaba de "el saber", pero lo que sí sé es que esa sensación de hoy, ese hallazgo, tampoco nadie me lo podrá quitar.


sábado, 24 de enero de 2015

Resortes


Hay canciones que deseo escuchar en directo, como ésta. Pero tengo miedo a empezar a llorar y no parar, como le pasaba a la protagonista de La vida secreta de las palabras en un momento muy intenso de la película. 

Llorar por muchas razones, emocionarse por muchos motivos, algunos bastante explícitos y otros enlazados por hilos sutiles que se mueven por dentro de este trozo de carne que es mi cuerpo, por entre mis rincones más ocultos. Ah, el interior... es impresionante cómo se activan resortes increíbles que nos encumbran o nos arrojan, que nos embellecen o envilecen hasta hacernos caer en la cuenta de que, sólo y sin embargo, somos humanos. Todo eso somos, todo eso sentimos. Y podemos amar y odiar a un tiempo. Y desear, y enterrar el deseo, y pasar por encima de él una y mil veces, como una apisonadora, porque no queremos sufrir. Nadie quiere sufrir, pero es imposible. 

Así es, simplemente. En cualquier caso, llorar no me parece el peor de los guiones, y menos si es porque una canción acaricia algo de lo más íntimo.



jueves, 22 de enero de 2015

Conjuro


Sal de mis noches mientras no estás en mis días. Lárgate. No te cueles por la rendija de luz que dejan mis sueños. Que no quiero despertar llorando, cegada de irrealidad. La tierra de los sueños se ablanda bajo mis pies hasta hundirme en la ciénaga de las pesadillas. 


martes, 13 de enero de 2015

El disparadero


Sin saber por qué, le di un puñetazo. La vida nos pone a veces en un disparadero imposible de detener. Yo, que nunca había dañado de forma consciente ni a una hormiga, supe en ese preciso momento que ya no era la de antes, que algo de mí se había quedado detenido en ese golpe y el resto salía proyectado hacia un futuro incierto. Nos casamos el mes pasado. Todavía lleva el ojo morado y a mí aún me duele el puño. Procuro no matar insectos, pero vivo cada día al filo de la detonación.


lunes, 5 de enero de 2015

Tres años de a Jigsaw


Encuentro mil razones para viajar. Y una más para volver a Portugal.
Hoy hace tres años que conocí a los a Jigsaw en directo, en Lisboa. Los había escuchado unos días antes en una entrevista en radio 3 y me dejé seducir por esa voz, por esa negrura que sin embargo era luminosa cuando el cantante, Joao Rui, hablaba: un tipo nada oscuro que lo que transmitía era, además, una simpatía muy especial, la calidez que ofrecen esas personas de sonrisa fácil y manos grandes.
Me enamoré, y lo conté aquí: Namoradinha 

Es lo que tiene la música, que -entre otras maravillas- intensifica las emociones. Y no sólo yo, los amigos que compartieron conmigo aquel concierto también se enamoraron de las canciones que nos ofrecían los dos Joaos y Susana en una especie de desnudo acústico sublime, cercanos, entre una escasa docena de afortunados que nos acercamos a escucharles. Fue un regalo de esos inesperados que a veces nos ofrecen los días: ¿magia?
 
Ese encuentro hizo, curiosamente, que de vuelta a casa reabriese una cuenta en facebook, para no perderles la pista, pues me dijeron que pronto estarían en Zaragoza y podría saber las fechas por ese medio. Había abierto un perfil unos meses atrás y duré menos de 24 horas, aquel rollo no me gustó nada. Desde entonces, he pasado por fases de todos los colores: desde el apasionamiento al hartazgo cayendo en momentos de mucho interés y otros de absoluta saturación. Lo relativo. Pero cuando recuerdo cuándo, cómo y por qué empecé a dar pasos en esa red, siempre se me alegra el corazón. Así es.

En octubre parieron su último disco, ellos siempre buscan un hilo conductor a sus álbumes, una raíz sonora pero también literaria de la que sacar jugo a los temas, y ahora se han enfrascado en nada menos que la inmortalidad. Sus letras no las dicta el azar. Yo los he tenido de banda sonora en muchos momentos, los he compartido aquí pues entroncan muy bien con el tono que se apodera a veces de mis pequeños textos. Y engancho con ellos porque me parece que en el fondo son canciones que no surgen de lo amargo, como puede parecer; surgen de la reflexión, de las dudas, de la lectura, del tratar de dar una unidad a lo que les gusta contar y cantar. No son estos lusos unos chicos tristes, que lo sé yo.

El tiempo, que también tiene sus cualidades generosas, posee esa característica circular que nos aleja pero también nos acerca a las personas que nos significan algo, que nos contagian la sonrisa y nos invitan a confiar en que la magia existe, aunque a veces digamos que no.