martes, 13 de enero de 2015

El disparadero


Sin saber por qué, le di un puñetazo. La vida nos pone a veces en un disparadero imposible de detener. Yo, que nunca había dañado de forma consciente ni a una hormiga, supe en ese preciso momento que ya no era la de antes, que algo de mí se había quedado detenido en ese golpe y el resto salía proyectado hacia un futuro incierto. Nos casamos el mes pasado. Todavía lleva el ojo morado y a mí aún me duele el puño. Procuro no matar insectos, pero vivo cada día al filo de la detonación.


No hay comentarios:

Publicar un comentario