sábado, 24 de enero de 2015

Resortes


Hay canciones que deseo escuchar en directo, como ésta. Pero tengo miedo a empezar a llorar y no parar, como le pasaba a la protagonista de La vida secreta de las palabras en un momento muy intenso de la película. 

Llorar por muchas razones, emocionarse por muchos motivos, algunos bastante explícitos y otros enlazados por hilos sutiles que se mueven por dentro de este trozo de carne que es mi cuerpo, por entre mis rincones más ocultos. Ah, el interior... es impresionante cómo se activan resortes increíbles que nos encumbran o nos arrojan, que nos embellecen o envilecen hasta hacernos caer en la cuenta de que, sólo y sin embargo, somos humanos. Todo eso somos, todo eso sentimos. Y podemos amar y odiar a un tiempo. Y desear, y enterrar el deseo, y pasar por encima de él una y mil veces, como una apisonadora, porque no queremos sufrir. Nadie quiere sufrir, pero es imposible. 

Así es, simplemente. En cualquier caso, llorar no me parece el peor de los guiones, y menos si es porque una canción acaricia algo de lo más íntimo.



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