jueves, 26 de febrero de 2015

De corazones rotos


Descubrirás que nadie ha podido romperte el corazón, porque tu corazón se rompió hace tiempo. Puede que incluso antes de nacer ya se adivinase la fractura. Descubrirás también que terminó por estallar en la ausencia, en la orfandad, en la soledad estéril de las muertes. Que quizás por eso escribes, para completar con palabras lo que no está o lo que nunca estuvo, las historias que viviste sin vivir, aquello que tu madre no llegó a contarte. Puede que también sea un esfuerzo por crear tu lugar en el mundo, ese espacio amable donde construir tu casa, tu casa de palabras, de presencias, de despertares al lado de quienes quieren cuidarse contigo. Intuirás que ya no te queda tiempo para los que rompen corazones.

Todo eso te llegará de buena mañana, cuando el sol se empiece a colar entre las lamas de tu persiana, sin que sepas nunca si vino de un sueño o del suelo que pisas cada día. Pero en ese momento, comprenderás que así es. Y no sabrás si es más triste o hermoso, pero tendrás un instante de lucidez en el que reconocerás que algo de todo eso eres tú.


domingo, 22 de febrero de 2015

Agridulce caos


Las horas bajas hincan el diente en las vísceras, reabriendo heridas de las que todavía la sangre, libre, puede brotar. En las horas bajas es necesario hacer un ejercicio grande de imaginación, para inventarse mundos y abrigar aún la esperanza de no dejarse arrastrar por la indolencia.

Son días tristes pese a la alegría, o simplemente al revés. Nunca sé qué pesa más. Sólo tengo la certeza de que, entre los claroscuros, la mirada se dirige al cielo y se impone la necesidad de seguir subiendo. Y montar los campos de altura, como escaladores experimentados de nuestra propia biografía. Abrir los ojos ante la gélida belleza de lo insólito, con la serenidad rara que proporciona la falta de oxígeno.

Cuando la tiranía de las horas bajas acecha, me acomodo entre mis lugares comunes, los que llevo siempre en mi equipaje: la excepción, ese soñar y no soñar al mismo tiempo en que tanto creo, cantar en la miseria, la belleza como protesta, dejarse abrazar por quien te quiere bien. Poco más. Sólo algunas veces, dar un puñetazo en la mesa y decir que basta ya. Que no.


Y todas las bandas sonoras se pueden bailar.
Que la vida, de verdad, es un carnaval.


 

domingo, 15 de febrero de 2015

Zurda


Escribir sobre viejas hojas recicladas. Repensar lo que pasó o lo que no pasó o lo que volverá a pasar, en el eterno retorno en el que estamos atrapados, tú, yo y los demás.
A veces es divertido y otras quema como una hoguera, pero siempre es extraño.


jueves, 5 de febrero de 2015

Intemporal


A veces siento como si el calendario también me hubiera dado esquinazo, para bien y para mal, como si lo circular del reloj me tuviese atrapada en un compás eterno e imparable que no es cárcel ni liberación. Necesito parar, abandonar mis propios días para ser eterna por un momento. Olvidarlo todo y armarme de ideas nuevas para poder trascender esta época en la que es difícil para mí incluso saber qué es lo importante. 
Y a ti: ¿qué te importa a ti?


lunes, 2 de febrero de 2015

Rigores


Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. Pronto empecé a notar cómo el frío se instalaba en todos mis huesos y una sonrisilla lo hacía en los labios. Me entró tal paranoia pensando que eso debía ser el inicio del rigor mortis que empecé a gritar como un poseso, sin saber si estaba en el mundo de los vivos o de los muertos. 

Al primero que vi cuando levantaron la tapa fue a mi principal cómplice en aquella aventura, Adrián, seguido por mi padre, ya con la correa en la mano. 

Allí acabó mi niñez, cuando descubrí que es el rigor de los vivos el más peligroso.