miércoles, 29 de abril de 2015

A tumba abierta


Lo que no sabía aquella primera vez era que sus pequeños pies empujaban ya algo parecido a la libertad. Sólo pensaba entonces en aguantar el equilibrio y desafiar la gravedad, sin siquiera conocer los movimientos precisos, apenas intuyendo la pedalada bajo la atenta mirada de sus padres.

Aquella niña no sabía cómo ni sabía por qué pero también era una mujer, ávida de pedalear el mundo: una ciclista salvaje.

Alfonsina empezó en ese preciso instante, en el filo entre dos siglos, a deslizarse por su biografía a tumba abierta, sacándole la lengua al futuro que los otros esperaban para ella.





martes, 21 de abril de 2015

¿Por qué Ada?


Me siento lastrada. Y me siento un poco también como esa Ada McGrath con la que tanto me identifiqué, en la que todavía me veo cuando busco dentro del mar. Big my secret. Pero el mar, caprichoso, se me antoja más rojo que nunca. Rojo sangre. Pesa mi primavera.


lunes, 13 de abril de 2015

Entre dos aleteos


Hoy echo de menos El libro de los abrazos. Lo he rebuscado en mi estantería pero no está. Andará en algún lugar, entre dos instantes, donde debieron quedar algunas cosas que fueron muy significativas para mí pero de las que, sin darme cuenta, me he ido desprendiendo: la discografía de Albert Pla, la acuarela de María, el libro de Emilio o el espejo de Ama. ¿Dónde estará lo que ya no tengo?

Duele cuando nos faltan abrazos así como lo hacen las despedidas, aunque sean casi meramente simbólicas. Todos somos un poco huérfanos.

Por si hay algo que celebrar, hoy he cenado con vino.

Vuela alto.



domingo, 12 de abril de 2015

Radical


Vivir una historia de amor de veinte años es -en estos momentos- revolucionario. 

Este pensamiento que hago mío, aunque en realidad escuché a otro, me sirve de pegamento a estos días, o a lo que a mí me queda de ellos: personas de hace más de veinte años que te hacen sentir un tesoro, y al revés; rincones que devuelven recuerdos, lugares que nunca se fueron de mi vida, mentes abiertas, la inteligencia de la humildad, música en directo, los capazos míticos, verbos necesarios, personajes singulares, influencias, palabras, ojos grandes o que parecen grandes, por la avidez, confesiones que emocionan, resacas, mis hermanos, tender la mano, la tranquilidad de los que sabes que de verdad están, reír con Marianillo de mi también mítica candidez, agua, recordar beber mucha agua, compartir, admirar al otro, soñar despierta, Huesqueta y el amor-odio que me provocan los lugares cuando se me hacen pequeños, y me asfixian... pero a la vez lo son tanto, que permiten una calidad de relación difícil de encontrar en el ancho mundo. Pensamientos que van rápido, cerebros que funcionan a otra velocidad; tender puentes, sanación. El exceso de los defectos. Lo posible y real frente a lo difícil e improbable. 

Soy radical en mis amores, creo que siempre fui así; sostengo que no se puede querer a fondo sin una voluntad firme, querer por descuido o cobardía, como tampoco creo que se pueda construir a machetazos: mejor dame susurros. Me siento afortunada, cada vez más, por saber conservar unos cuantos de esos amores, en plena forma, incluso más de dos décadas después. Me pesan las alas a veces, cómo no, pero la sensación se aligera con la sorpresa que me sigue produciendo ese sumar personas y tiempo a mi relato. 

Creo en los amores diversos.
Y, sin duda, creo en la revolución.



Los mejores sueños los tengo despierta, 
y alguno seguro que lo tuve en el callejón del Arkanos.