miércoles, 29 de abril de 2015

A tumba abierta


Lo que no sabía aquella primera vez era que sus pequeños pies empujaban ya algo parecido a la libertad. Sólo pensaba entonces en aguantar el equilibrio y desafiar la gravedad, sin siquiera conocer los movimientos precisos, apenas intuyendo la pedalada bajo la atenta mirada de sus padres.

Aquella niña no sabía cómo ni sabía por qué pero también era una mujer, ávida de pedalear el mundo: una ciclista salvaje.

Alfonsina empezó en ese preciso instante, en el filo entre dos siglos, a deslizarse por su biografía a tumba abierta, sacándole la lengua al futuro que los otros esperaban para ella.





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