sábado, 16 de mayo de 2015

Mambo


A veces hay que ser un poco actriz y hacer como que te lo crees, desde el más profundo escepticismo, incluso. Quizás en eso consista asistir a lo que sucede, al encaje de los acontecimientos: cerrar los ojos, aflojar el cuerpo y ser un poco ciega, un poco sorda, un poco insensible, al fin. No sé si pienso esto por lo que me pasa o por lo que no, o si es por la idea que tengo de lo que es bailar la vida,  una de mis imágenes potentes en estos días curiosos.

Al final, elijo canciones para no caer en la anestesia, para seguir ahí, donde ni siquiera sé si es cerca o lejos, dentro o fuera, impulso o regazo. Música para calmar a la leona, que sabe bien cómo moverse en cada escenario: a esa que creo que tampoco soy yo. O sí, un poco. 




domingo, 3 de mayo de 2015

Reset

Puesto que a mi portátil le ha dado por resucitar más de un año después de morir a lo grande, humeando y todo, es evidente que la magia existe. Y estoy convencida de que es mucho más habitual de lo que los aburridos piensan. 

Hoy he vuelto, gracias a algún hechizo, a conducir confiada por la loca Sicilia, a llorar aquellas emociones atascadas por Nicol, por Juan, por todo, por mí,  girando y girando como peonzas, ebrios abrazados en la plaza del Louvre y también a aquel otoño dulce de Vicenza. Si me concentrase un poco podría notar la textura de la pasta de pizza casera de las Saras o el olor del spritz del Bar Astra o el sabor de la birra Moretti. 

La magia mueve lo que las inercias se empeñan en paralizar. No he salido de casa y estoy exhausta de tanto paisaje en la retina, de tanto recuerdo posado en los sentidos.

Por fin empiezo a sentirme libre de nuevo. Libre de recomenzar, lo que sea. Sólo adivinar la sensación de tener un horizonte ancho delante de los ojos me devuelve algo de mi alegría, esa que últimamente echo de menos.





sábado, 2 de mayo de 2015

Pie de guerra

Ayer no fue un buen día. O sí.

Resisto como puedo los envites de los últimos meses, pero a veces me hundo un poco. Creo ahora que -de alguna manera y extrañamente- después de Cuba, todo ha sido naufragar. Naufragios relativos, de esos a los que todavía se les pueden poner palabras.

"Para que te acuerdes de Cuba", por un cubano                                                

No es que antes fuera calma chicha, eso nunca, por favor, pero los días se me pusieron tiesos y pasan tantas cosas que me tocan tanto que hago esfuerzos titánicos por mantener la dulzura y no ponerme a fabricar bombas molotov. 

El caso es que ayer mi cuerpo paró, dijo basta. Y me vino bien. Entre fiebres y dolores pude leerme entero Tierras de cristal. Me gustó mucho aunque creo que no capté todos sus entresijos, y es que lo leí entre ensoñaciones varias y vaivenes producidos por el paracetamol, pero el desvarío tan poético de Baricco se presta a perderse un poco. Hoy que ya me da una tregua lo terrenal, los asuntos de la materia corpórea, es mi mente la que descansa. He tenido una tarde de sosegada felicidad, aprovechando incluso los pocos rayos de sol que alcanzan a entrar por mi balcón. Organizar mis cosas, dar un cierto orden a mi caos, escribir cartas manuscritas, recibir un "te quiero" certero vía wasap de mi tía Marga, a quien echo de menos, colgar en mis paredes fotos de personas que me hacen sentir acompañada en el viaje: placeres casi olvidados en esta vida de tanta prisa y descuido. Me siento mejor. No he leído ningún periódico ni sé lo que sucede en las calles, excepto un par de charangas que se han atrevido a mezclarse con mi música, y es que la gente celebra que se casa como si fuera una buena noticia, y no sólo para ellos -que ya es ser optimista- sino para todo el barrio. Quizás sea por esa ausencia de titulares o por el día luminoso o porque no tengo fiebre ni me duele el cuerpo o porque por fin estoy poniendo algunos asuntos en el lugar que les corresponde pero el mundo me parece, en este preciso momento, un lugar más amable. A ver cómo acaba la jornada. Malo será.