domingo, 3 de mayo de 2015

Reset

Puesto que a mi portátil le ha dado por resucitar más de un año después de morir a lo grande, humeando y todo, es evidente que la magia existe. Y estoy convencida de que es mucho más habitual de lo que los aburridos piensan. 

Hoy he vuelto, gracias a algún hechizo, a conducir confiada por la loca Sicilia, a llorar aquellas emociones atascadas por Nicol, por Juan, por todo, por mí,  girando y girando como peonzas, ebrios abrazados en la plaza del Louvre y también a aquel otoño dulce de Vicenza. Si me concentrase un poco podría notar la textura de la pasta de pizza casera de las Saras o el olor del spritz del Bar Astra o el sabor de la birra Moretti. 

La magia mueve lo que las inercias se empeñan en paralizar. No he salido de casa y estoy exhausta de tanto paisaje en la retina, de tanto recuerdo posado en los sentidos.

Por fin empiezo a sentirme libre de nuevo. Libre de recomenzar, lo que sea. Sólo adivinar la sensación de tener un horizonte ancho delante de los ojos me devuelve algo de mi alegría, esa que últimamente echo de menos.





No hay comentarios:

Publicar un comentario