domingo, 23 de agosto de 2015

Como atada


Madero en deriva. Libertades. Todo prisionero, de sí mismo extrae verdades. La verdad no existe. Somos algunas razones. Futuro que persiste en dejarnos como atados. La libertad no existe. Historia cotidiana. Una ventana. Mañana. Veleta nueva. Siempre los caminos son pocos para escogerse y largos para seguirse. Piedra sobre piedra. Actuamos como mortales y pensamos como flores. En medio de lo triste, lo sensible se renueva.





viernes, 21 de agosto de 2015

Flores en el hormigón


                                                                                                                        Tempelhof airport, Berlín


De un viaje, queda también lo que no se ve. Los viajes que se construyen dentro de un viaje son territorio para la memoria de las emociones, caminos que conducen a lugares de belleza donde reposar el cansancio acumulado en ruta, pero también a precipicios sobre mares insondables, a la sensación de pequeñez, de vulnerabilidad, de sensibilidad extrema e incluso cruel. No hay foto que recree esa intensidad tan genuina. No existe mecanismo que inmortalice el viaje dentro del viaje, para que se pueda siquiera intuir desde el exterior. 

Viajar es concentrar la vida, elegir qué es tan importante como para meterlo en nuestra mochila y ponerse en juego con el mundo de un modo decidido. Estar en movimiento implica poder mirarlo todo desde ángulos distintos, una capacidad rara de libre observación. La incertidumbre de lo que va a pasar cuando todo es distinto, el enredo de los sentimientos en ese paréntesis a la vida o las distintas sensibilidades que se rozan aunque sea de una forma fugaz son hallazgos incontestables de los inquietos. 

A veces sólo las pequeñas cosas pueden explicar porqué llegamos tan lejos. 
Palabras en los muros, flores en el hormigón.






viernes, 7 de agosto de 2015

Serán las cejas


La imagen es un trolebús que llega a toda velocidad en sentido contrario. Yo soy muy pequeña, relativamente insignificante, o al menos así me parece. Justo antes del choque, abro los ojos, extiendo los brazos hacia adelante y me salvo. No sé decir qué ocurre, pero me salvo.

Ahora me pregunto si en realidad el tiempo viene cumpliendo las normas, circulando por su carril... y soy yo quien lleva toda una vida en plan kamikaze, luchando contra mi propia biografía, como aquellas chicas de pueblo que llegaban a Barcelona a criar niños ajenos y soñar con horizontes más amplios que la era. El error tiene que ver con la expectativa, pues es innegable que el paisaje siempre es más ancho en la era que en plena Diagonal, pero el deseo ilumina incluso los rincones más oscuros.

Cumplir años es una suerte, hacerlo con gracia un don que yo fantaseo tener. Los días que pasan no son vacuna contra los naufragios, pero tampoco anestesia que impida soñar. Todo se mueve y todo me mueve. Llega un momento que ni siquiera era tan importante si el que estaba equivocado de rumbo era el trolebús o yo, si al final, una vez aquí, sabemos de sobras que vamos a ser capaces de arreglárnoslas entre nosotros, mis días conmigo.

Quizás no estoy inspirada para contarlo mejor pero ando dando vueltas a este asunto y creo que no me equivoco: en realidad, lo que hace parecer más joven es no depilarse las cejas. Mirad alrededor y ya me contaréis. Doctrina.