viernes, 7 de agosto de 2015

Serán las cejas


La imagen es un trolebús que llega a toda velocidad en sentido contrario. Yo soy muy pequeña, relativamente insignificante, o al menos así me parece. Justo antes del choque, abro los ojos, extiendo los brazos hacia adelante y me salvo. No sé decir qué ocurre, pero me salvo.

Ahora me pregunto si en realidad el tiempo viene cumpliendo las normas, circulando por su carril... y soy yo quien lleva toda una vida en plan kamikaze, luchando contra mi propia biografía, como aquellas chicas de pueblo que llegaban a Barcelona a criar niños ajenos y soñar con horizontes más amplios que la era. El error tiene que ver con la expectativa, pues es innegable que el paisaje siempre es más ancho en la era que en plena Diagonal, pero el deseo ilumina incluso los rincones más oscuros.

Cumplir años es una suerte, hacerlo con gracia un don que yo fantaseo tener. Los días que pasan no son vacuna contra los naufragios, pero tampoco anestesia que impida soñar. Todo se mueve y todo me mueve. Llega un momento que ni siquiera era tan importante si el que estaba equivocado de rumbo era el trolebús o yo, si al final, una vez aquí, sabemos de sobras que vamos a ser capaces de arreglárnoslas entre nosotros, mis días conmigo.

Quizás no estoy inspirada para contarlo mejor pero ando dando vueltas a este asunto y creo que no me equivoco: en realidad, lo que hace parecer más joven es no depilarse las cejas. Mirad alrededor y ya me contaréis. Doctrina.





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