martes, 29 de septiembre de 2015

Loreak


Guardo agendas desde hace muchos años. No recuerdo cuándo pero yo creo que con menos de veinte ya empecé a usarlas (puede que me llegaran con la universidad), y no porque entonces tuviese mala memoria sino porque había -y hay- agendas que me gustan mucho y vienen de distintos colectivos que sacan un dinerillo con esto y a mí me ayudan a organizarme la vida y me permiten registrar lo reseñable de los días.

No niego que me da cosilla recorrer algunas veces mis anotaciones de ese tiempo pasado, sobre todo cuando leo algo que entonces me era tan importante y ahora ni recuerdo. El tiempo tiene ese punto de limpieza y desinfección.

El caso es que hoy he leído que la película vasca Loreak va a los Oscar como candidata a mejor película extranjera. Hace un rato he buscado en mi agenda del año pasado y ahí está. El viernes 31 de octubre anoté: "Voy a Loreak a llorar". Nunca antes lo había hecho y puede que suene muy depresivo, pero para mí fue una experiencia hermosa. Estaba triste y no podía llorar. Recorrí la cartelera buscando un drama a mi medida, algo que intuyese que me podría mover algo por dentro, y me encontré con ella. La verdad es que me conmovió mucho y pude llorar un poco. Es de esas películas que muestran la vida desnuda, sencilla, sin artificio, lo que es. Se dirigió certera a mi corazón como todo lo que me llega sin maquillaje y con humildad. Tan delicada como elegante, esta Loreak que me llenó de emoción.

Entré al cine buscando poder soltar alguna lágrima que me ardía dentro y salí desolada, pero tocada de alguna manera difícil de explicar por el aroma de esas flores raras y su belleza rotunda. La vida se escribe de muchas maneras.

Toda la suerte del mundo.







martes, 22 de septiembre de 2015

Adentro



Siento mis frentes abiertos como las venas de los suicidas. Hay algo de mí que no para de sangrar, de sufrir a borbotones porque no entiende. Soy lo que me cuento. También soy el insomnio que se me engancha en las sábanas y me seduce con su desvelo extraño. Los sueños que no tengo ahora, los días con poca sal. No hay tregua. Descanso poco porque me urge la vida de un modo inexplicable. Me veo practicando la exigencia como si tuviese una pequeña dictadora que me susurrase al oído los discursos, como una masoca extraviada en su propio delirio. Es raro. Joder. Y soy también ese adentro de arterias que manan, buscando el camino para cada pálpito. Tinta roja lista para escribir.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Bajo presión



Si de verdad fuese el último baile, hoy me quedo con este.
Qué ganas de concierto. OMG.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Tiempo de flow


Se impone como necesidad mejorar el flow, ese concepto de Mihály Csíkszentmihályi en el que me he detenido un poco a divagar.  Hay mil y una maneras de estar fuera de juego, esa es la verdad, pero también es cierto que la experiencia de fluir, cuando sucede -aún fugaz-, permite una intuición muy especial de la seguridad y la confianza en la vida. Reconozco que personalmente me cuesta muchas veces deslizarme en ese lugar, entre la activación y el control, en ese espacio íntimo de felicidad para la que no hacen falta grandes alharacas. El desafío es situarse cada vez más en ese punto invisible, en una especie de toma de consciencia amable y centrada -opuesta a la ansiedad paralizante-, en el bienestar genuino que proporciona el flujo.

Todo funciona mal, ya no tengo ninguna duda sobre esa afirmación que antes me provocaba tanta extrañeza. Los distractores son muchos, puede que cada vez más, y las mochilas son grandes pero la capacidad está ahí, intacta. Soy optimista. Creo en el trabajo activo más que en la queja constante , en la consciencia más que en la inercia y en que el camino traerá algo de lo que necesitamos para aprender, cada vez con más energía, a fluir en nuestra soledad pero también los unos con los otros. Poco a poco. Es tiempo de mucha miseria, lo sé, pero también lo es de flow.