martes, 3 de noviembre de 2015

Ventanas


El puñetero ojo de la cerradura fue su ventana al mundo. Ahora que por fin vomitaba traumas, le volvían imágenes en gris de los días en los que observaba la cocina de sus abuelos a través de ese asqueroso ojo de cerradura. Quería llorar, por la mediocridad de aquellos adultos extraños que le negaron ser un niño, pero cogió firme el bolígrafo que le tendían y firmó la venta de la casa, su herencia familiar, decidido a buscar otras ventanas que le mostrasen otros mundos.


fotografía de Vlad Artazov

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